@ellibelaresc

Leía en una columna periodística de Luis García Montero una opinión muy sensata: que la pereza de Mariano Rajoy, además de una condición de su carácter, es ahora toda una estrategia. Hay perezas y perezas, perezas con humor y perezas que las carga el diablo, porque es peligroso confundir el derecho a la pereza que defendió Paul Lafargue en nombre de los trabajadores explotados y la indolencia de un mal presidente de Gobierno que no quiere moverse para que todo siga como estaba. La pereza de Rajoy pretende provocar la abstención masiva, pretende rebajar la importancia de unas nuevas elecciones, pretende restar importancia a la configuración de un nuevo Parlamento y pretende conectar con el alma de los indiferentes, de los desentendidos, de los que están dispuestos a aceptar la corrupción, la mentira y la desigualdad. Es una pereza con muchas pretensiones. Totalmente de acuerdo.

Lo cierto es que nadie debería trabajar en aquello que no le gusta, pero la cruda realidad nos dice que solo unos pocos privilegiados se pueden permitir escoger. Mariano Rajoy está entre estos privilegiados y, sin embargo, hace un mal uso de su prebenda. Hace unos días lo dejó meridianamente claro en la entrevista que concedió a Pepa Bueno. A nuestro presidente del gobierno en funciones le aburre soberanamente su trabajo y ya no hace nada por disimularlo. Con Pepa Bueno solo le faltó bostezar, y eso que la periodista de la SER no le daba respiro. En un país con cinco millones de parados y varios millones más que trabajan cobrando menos que si estuvieran en el paro, no nos podemos permitir tener en la jefatura del Gobierno a un zángano y  vago de solemnidad. ¿Cómo es posible que después de decir que participar en debates no le gusta porque exigen esfuerzo y preparación, no haya dimitido de forma inmediata? Es más, ¿qué país es este que después de escuchar semejante rebuzno, no solo no exige su cese inmediato sino que cerca de un 30% de la población sigue pensando en votarlo en las próximas elecciones?

Y lo de los debates no fue lo peor que dijo nuestro ilustre zángano. Cuando Pepa Bueno le preguntó sobre si los gerentes del partido en los diversos territorios los nombraba Génova, tal y como asegura Ricardo Costa, el presidente, sin el mínimo atisbo de vergüenza, declaró: ´Francamente, no lo sé´. Al fin y al cabo él sólo es el presidente del partido. Cabe suponer que si desconoce algo tan básico, su ignorancia sobre otros temas importantes del partido y del país debe estar a la altura de su nivel de inglés.

Una duda me corroe: cabe la posibilidad de que no sea un ignorante y un haragán, sino que nos esté mintiendo, y que tal vez lo estemos juzgando mal y tras esa aparente fachada de holgazán se esconda un hombre tan trabajador como indecente. Qué dilema tan alentador tener que escoger entre una u otra personalidad para que dirija nuestros destinos.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de RAJOY Y LOS DEBATES.

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