@ellibelaresc

Mucho se ha escrito en la previa del debate del siglo (¿?). Nada más y nada menos que los cuatro. Ya lo tenemos pasado y hay que decir que salvo alguna chispita de lucidez fue soporífero, aburrido, decepcionante en fondo y forma, previsible e inútil si era para aclarar algo más de lo que todo el mundo conoce: asegurarse la poltrona. Rajoy, fiel a su estilo, salvó la prueba; Sánchez estuvo lamentable; Rivera, arrogante, y Pablo Iglesias muy cauto, conciliador y moderado. Por una vez, los dirigentes sintonizaron con el sentir popular: reflejaron sin disimulo el hastío político que invade a la sociedad española. A todos les estorbaba el debate. Ni Rajoy ni Iglesias se desafiaron entre sí. De hecho, se ignoraron. Sánchez, estancado en la fallida investidura.

Hablaron (no dialogaron) de lo que ya todo el mundo interesado en el tema político sabe al dedillo. No apareció una idea, una propuesta, ni siquiera una crítica que no hayamos escuchado mil veces durante los últimos seis meses.

Rajoy a la suya: nos encontramos una España al borde de la quiebra, evitamos el rescate, ya hemos pasado lo peor y ahora prometemos crear dos millones de puestos de trabajo en cuatro años. La culpa de todos los males es de la herencia recibida, y cualquier mínima luz de esperanza en el futuro es mérito del PP. Gobernar es muy difícil, España es un gran país, hemos hecho cosas buenas y  una cosa es hablar y otra dar trigo… ¿La corrupción?  Es ´alguna noticia en algún medio de comunicación´. Hilillos de plastilina y ya tal. Demagogo por los cuatro costados.

Pedro Sánchez  parecía estar más pendiente de Iglesias que del enemigo a batir.  Acusó a Pablo Iglesias de haber impedido un gobierno progresista al votar contra el pacto entre PSOE y Ciudadanos. Criticó, por supuesto, a Rajoy y sus políticas, descartó votar a Rajoy en una investidura (eso habrá que verlo), y no quiso responder al envite directo de Iglesias sobre un posible pacto, y poco más. Está descolocado, se le vio fuera de lugar. Sabedor de la que se le avecina. Soportando un caso agudo de estrés postraumático

Pablo Iglesias mostró en todo momento  tender la mano al PSOE para un gobierno de izquierdas, recordándole a Sánchez en más de una ocasión que el enemigo era Rajoy. Estuvo solvente en el manejo de datos sobre economía y desigualdad, citando fuentes irreprochables como la OCDE, el INE o la Fundación BBVA para basar fundamentar el empleo precario. Se impuso también en  el tratamiento de las políticas sociales, de la corrupción y en proyectos de futuro. A Iglesias le interesaba dejar claro que se propone gobernar en coalición con el PSOE; que esa coalición la presidirá quien tenga más votos y no más escaños, o sea, presumiblemente él, y que si los socialistas no se pliegan a ese plan -lo que equivaldría a romper el voto de castidad respecto al PP-, les hará pagar un precio político inasumible. Fue el ganador del debate.

La idea fija de Albert Rivera fue ser más duro con Iglesias que el propio Rajoy y más duro con Rajoy que el propio Pedro Sánchez. Buscaba evidentemente captar indecisos que dudan entre el PP y Ciudadanos, y logró protagonizar los dos momentos más tensos del debate, uno al reclamar a Rajoy que asuma la responsabilidad por la corrupción y se retire, y el otro al acusar directamente a Iglesias de recibir financiación de Venezuela y de tener 11 millones de deuda con los bancos, en referencia al endeudamiento de Izquierda Unida. Sacó de quicio a Rajoy e indignó a Iglesias.  Estuvo marrullero, y fue el que más recurrió a la insinuación y a la estrategia del ´difama que algo queda´.

Especialmente cínico estuvo Rajoy cuando afirmó que en España no se han hecho recortes y que si tuvo que subir los impuestos fue por culpa del agujero del gobierno de Zapatero. ¿Cómo se puede decir esto en un país en el que se ha recortado un 14.9% en educación, un 32% en cultura, un 13.2% en Sanidad, 24.5% en protección del Medio Ambiente, un 63% en Vivienda y Servicios Comunitarios y un 25.3% en asuntos económicos (transporte, empleo, etc.) entre 2009 y 2014; en el que hay 6.184 plazas menos de empleo público en educación y 27.848 del Sistema Nacional de Salud desde 2012; o en el que se han eliminado 2.024 organismos públicos, como el Consejo de la Juventud de España, Consejos Económicos y Sociales o Defensores del Pueblo de algunas comunidades. ¿Nos toma por idiotas?

El debate ha confirmado que a España le sobran estas elecciones, que a estas elecciones les sobra la campaña y que a la campaña le sobraba este debate.

En la gacetilla de mañana hablaremos de POLÍTICA Y RELIGIÓN.

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