@ellibelaresc

Lo que ha sucedido en España el 26J es absolutamente insólito. España ha votado corrupción, desigualdad y autoritarismo.  Es cierto que hay un gravísimo corrimiento hacia la derecha en todos y cada uno de los países europeos, que la izquierda está atravesando por un periodo de confusión incomprensible ante las salvajes políticas derechistas que nos acosan, pero no es menos cierto que en el resto de Europa los votantes castigan a los corruptos, a los prevaricadores, a los ladrones y a los malnacidos. Salvo el caso de Italia en el periodo de Berlusconi, no existe ningún otro país que haya votado de forma mayoritaria a un partido que ha protagonizado más casos de corrupción de los que mi memoria puede recordar ni a un presidente que los ha comprendido y tolerado como algo natural. Pero aquí la dimisión no se conoce. No es ético dimitir. Aquí los chorizos son más apreciados cuanto más sinvergüenzas son, los prevaricadores, estafadores, recalificadores, explotadores y mangantes gozan del aprecio, el aplauso y el voto del público cuanto mayor sea el éxito en su vida criminal de guante blanco. El pueblo español viene siendo sometido desde mediados de los años noventa a un proceso de embrutecimiento tal que ha conseguido que una fracción del mismo sea incapaz ya de distinguir entre lo digno y lo indigno, lo decente y lo indecente, el bien y el mal.

Hay quienes achacan la remontada del Partido Popular al resultado del referéndum en Reino Unido, cuando eso aquí importa un higo; hay quienes ponen el acento en la inseguridad, cuando aquí más de un tercio de la población no tiene trabajo, ni comida, ni techo ni seguridad de ningún tipo, ni siquiera esperanza, y hay, también los hay, que achacan el resultado a los cambios de estrategia de UnidosPodemos o al grito que aseguraba que ´venían los comunistas´. Nada de eso, es mi parecer, ha influido en el resultado electoral. En España se valora y se envidia al triunfador, y el triunfador no es el que trabaja hasta el agotamiento para sacar a los suyos adelante, ni el que se ha dejado los codos estudiando una licenciatura, ni el que se mata en un hospital público para que vivan quienes padecen enfermedad, no, aquí el que triunfa es el que roba y prevarica; aquí, para ser reconocido tienes haber pisoteado a tus semejantes, exponer sin remilgos toda la soberbia del mundo, dilapidar el dinero que no es tuyo porque es de todos y mostrarte campechano como el ciudadano Juan Carlos.

Lo lamentable es que no existe la ira pública que sería normal ante tanto estrago y tanto desalmado; hay indolencia, hay fascinación, encandilamiento y asombro ante esos hombres y mujeres que han dado el salto a la fama y a la riqueza con malas artes, cosa a la que ha contribuido sobremanera la lentitud y laxitud de la justicia.

¡Pero ya está bien! La paciencia y la ética democrática marcan un límite y lo hemos superado ampliamente. Todo el mundo es conocedor de la situación judicial del partido ganador, ´una organización delictiva creada para delinquir´,  así lo aseguran varios autos judiciales. Aparecen listados, altos cargos con sobres en sus bolsillos. Se acumulan escritos judiciales en diversos casos que implican al PP en fraude, corrupción y financiación ilegal. Mordidas, comisiones, fundaciones fantasmas, ordenadores demolidos… y así hasta el esperpento. El presidente del gobierno en funciones dice desconocer todos los casos por los que le interrogan. O no sabe o no quiere saber. La ignorancia del ignorante no le exime de responsabilidad.

No podemos permitir que un partido haga trampas electorales durante más de 27 años, porque los resultados están contaminados e invalidados de pleno derecho. Sus decisiones nulas y la resultante, un Estado fallido. Un corrupto no puede dirigir un país. Los millones de votantes que han depositado en la urna la papeleta del PP son corresponsables de la corrupción y están ética y moralmente deslegitimados ante el resto de los españoles. Unas elecciones no validan a los corruptos, por más millones de seguidores que los apoyen.

Un día pensé que quienes queríamos un sistema más justo éramos mayoría, pero me equivoqué. Lo siento, no sé perder.

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En la gacetilla de mañana hablaremos de LA SUPUESTA NOVIA DEL OBISPO.

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