@ellibelaresc

Astray1El célebre incidente entre Unamuno y Millán-Astray tuvo lugar un 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, el lugar elegido por los insurgentes para celebrar el ‘Día de la Raza’. Este santuario académico se pobló de partidarios del franquismo dispuestos a escuchar los discursos del catedrático de Historia José María Ramos Loscertales, del profesor de Ciencia Escolástica, Vicente Beltrán de Heredia, del escritor José María Pemán y del profesor Francisco Maldonado. En el estrado, atentos, Millán Astray, Carmen Polo, el Obispo Pla i Deniel y el propio Unamuno que no tenía pensado intervenir, a pesar de que, pocas semanas antes, la Universidad de Salamanca se había plegado al llamado ‘Mensaje a las Academias y Universidades del mundo acerca de la Guerra Civil española’, donde se justificaba el alzamiento.

El acto transcurría por los cauces previstos, marcado por las constantes loas a la idea de España, hasta que llegó el turno de Maldonado de Guevara quien, en el mismo estilo, decidió ir un paso más allá y entrar en confrontación con vascos y catalanes, a los que tildó de ´cánceres en el cuerpo de la nación que el fascismo, que es el sanador de España, sabrá cómo exterminarlos, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos´. A medida que avanzaba el acto, la cara del rector, inicialmente sereno, había ido cambiando. Justo tras esas palabras, terminó por estallar. Improvisando, Unamuno se levantó de su asiento y se dirigió al auditorio: ´Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio´, aclaró antes de justificar el hecho de romper el protocolo establecido porque ´a veces, quedarse callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia´.

Los ánimos habían empezado a caldearse, los mandos militares congregados en el Paraninfo no daban crédito a lo que escuchaban y el ambiente se tensó aún más cuando el rector recordó que Millán-Astray era inválido de guerra (le faltaban el ojo derecho y el brazo izquierdo), ´como también lo fue Cervantes´, y lamentaba  que, ´desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más´. En esa línea, señaló que la española era ´una guerra incivil´, argumento que subrayó al asegurar que ´vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión´.

La indignación de la representación castrense en el acto era patente pero se tornó en furia al escuchar al rector decir que le atormentaba ´el pensar que el general Millán-Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa dado que, en su opinión, un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo cómo se multiplican los mutilados a su alrededor´. El fundador de la legión se removió de su asiento incapaz de contenerse para reclamar la palabra interrumpiendo al rector y gritar una soflama que pasó a la historia: ´¡viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!´. Unamuno no se amedrentó y replicó: ´Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España´.

El público montó en cólera contra Unamuno y profirieron a voz en grito todo tipo de insultos. Algunas crónicas aseguran que ciertos oficiales empuñaron incluso sus pistolas y el asunto no fue a mayores, curiosamente, por la intercesión de la esposa del Caudillo, Carmen Polo, que le salvó de una posible agresión al agarrarle del brazo. El acto se dio por concluido, y solo unas horas después de aquellos hechos, la corporación municipal de Salamanca se reunió de forma secreta y expulsó a Unamuno de la Universidad  ´ por España, apuñalada traidoramente por la pseudo-intelectualidad liberal-masónica´. Miguel de Unamuno, confinado en su casa, moriría dos meses y medio después, el 31 de diciembre de 1936.

Hasta aquí la historia. Añadiré que la foto es anterior al 36, pero la incluyo porque ella sola habla de los protagonistas. ¿Qué éxtasis fundamentalista invade a Astray? ¿Qué silabea el General con esa boquita de pitiminí y su  vibración de serpiente? ¿Qué vocifera el individuo que está a la derecha de Franco? La Hermandad de los Legionarios pide a Carmena que mantenga la calle Millán-Astray porque es un referente (¿?), y muestra su preocupación ya que ´cambiar el nombre de su calle por el de ´Inteligencia´ es un desatino´. Remarcan el ´valor´ del militar y lo describen como un intelectual que perteneció al Ateneo de la capital. De risa.

En la gacetilla de mañana hablaremos de CHANTAJE.

 

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