@ellibelaresc

He opinado en una gacetilla anterior que no pasa nada si nos vemos abocados a unas nuevas elecciones. Pero también tengo que decir, y me quedaré en eso, que si el próximo mes de diciembre volvemos a unas elecciones generales ninguno de los líderes de las cuatro grandes formaciones debería encabezar sus respectivas listas. Por decencia.

¿Tan complicado es que Sánchez y Pablo Iglesias se pongan de acuerdo en unos mínimos? ¿Cuando se ponen líneas rojas piensan en sus votantes o en sus intereses? ¿Esa actitud que sostienen es para gestionar el voto que les dieron sus votantes? Se equivocan. Estos dos ´líderes´ están demostrando una torpeza escandalosa en su trabajo que no es otro que administrar la cosa pública en beneficio de los ciudadanos con lo mismo que se nos exige a los demás en los nuestros (quien lo tiene, claro): solvencia, resolución y en algunos casos imaginación y visión de futuro. Los cuatro son idénticos, pero a mí me preocupan los citados, que se nos muestran insolventes, irresolutivos e incapaces de tener una mínima visión de futuro, que no ya de presente. ¿Tan complicado es no pensar en sus poltronas y hacer lo que deben hacer: echar a Rajoy e introducir nuevas políticas sociales?

Que sean incapaces de ponerse de acuerdo en sí ya es y debe tomarse como un fracaso. Y en este país ya sabemos cuál es el tratamiento que damos al fracaso. Normalmente, y es muy cruel, el fracaso se paga con la ´muerte´ o el ostracismo profesional  y, por lo que se ve, en todos los casos menos en el de los políticos que tienen patente de corso para fracasar  y para arrastrarnos a todos con su fracaso, que bien poco les importa, por lo que se ve.

A mí esta cultura del fracaso en España no me parece correcta ni edificante. Pienso que un fracaso puede ser algo ocasional y que del fracaso se sale, se aprende y que en él se crece. Pero para que eso se produzca, uno tiene que asumir que ha fracasado, aprender sus lecciones y no volver a cometer los errores. Fracasar y salir adelante es mérito de los ganadores; fracasar y volver a hacerlo sin aprender es privilegio de los estúpidos. Y aquí es donde me temo que estamos a día de hoy con ciertos políticos que todos conocemos.

En mi opinión no pasa nada si volvemos a unas terceras elecciones, pero vamos a situarnos en la postura de los que sí lo creen.  Volver a unas elecciones generales sería la demostración de que los políticos nada han aprendido de los dos fracasos anteriores y por lo que cuentan los analistas políticos los mismos fracasados de los anteriores intentos nos llevarían a la misma situación. Inaceptable. Por eso creo que  ni Rajoy, ni Sánchez, ni Iglesias ni Rivera deberían encabezar sus listas electorales en unas previsibles terceras elecciones. Que, presumo, no van a suceder por la posición inequívoca de Rivera que hoy dice sí y mañana, tal vez.

De todas formas convendría que los políticos asumieran que en estos momentos cruciales para la gobernabilidad del país el bipartidismo se ha acabado, que ya no se está en el gobierno o en la oposición, sino que se puede apoyar en un momento determinado ante acciones o propuestas concretas a un grupo determinado sin por ello renunciar a su identidad política y que si uno se opone a una acción del adversario tiene que ofrecer alternativas; y a los que se supone que vienen con nuevas ideas de sociedad y política, que el mundo ya no se divide en los míos y los otros, en derechas o en izquierdas, y que las políticas sociales o económicas son globales como tiene que serlo el cambio en el mundo. Y algo más, estos representantes de los cuatro partidos mayoritarios deberían saber  que  la política es también renuncia y dejarse la piel en el camino porque se trabaja para el bien común, no el propio.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LOS BORBONES Y LA TAUROMAQUIA.

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