@ellibelaresc

En esas condiciones que Ciudadanos ha puesto a Rajoy para negociar su investidura se echa muy en falta  un articulado que proponga analizar y legislar hasta qué punto en España es real la separación de poderes. Cuando el Ejecutivo dirige o condiciona las decisiones del Legislativo, del Judicial o de ambos, la democracia deja de ser el menos malo de los sistemas posibles de convivencia para convertirse en simulacro, en pura fachada.

Rajoy acepta presentarse a la investidura. La única novedad desde las elecciones del 26 de junio (si me apuráis desde las anteriores del 20-D) consiste en que Rajoy ha aceptado firmar una especie de pacto anticorrupción a cambio de que Ciudadanos transforme su anunciada abstención en segunda votación por un ‘ sí  ‘.  A continuación le da órdenes a la presidenta del Congreso y esta, sumisa, acepta el día 30 de agosto. Dada la sucesión de acontecimientos y siendo pública la estrechísima relación política y personal entre ambos, resulta obvio que en todo momento la presidenta del Congreso ha actuado a sugerencia o cumpliendo órdenes de Rajoy. El poder legislativo ha quedado a los pies de los caballos del Ejecutivo.

¿Si Rajoy fuera decente aceptaría ese pacto anticorrupción? En cualquier democracia digna de tal nombre sonaría a mal chiste que el presidente de un partido imputado en cinco causas diferentes por distintos delitos relacionados con la corrupción se atreviera a firmar precisamente un pacto anticorrupción para mantenerse en el Gobierno. Pero España, para algunos, sigue siendo diferente. Y para otros, ciertos principios inamovibles (´nunca facilitaremos un gobierno de Rajoy´) dejan de serlo cuando consideran que la ganancia política a corto plazo es más rentable que la coherencia.

Mentiroso compulsivo y contradictorio. En diciembre bloqueó todo el proceso negándose a acudir a una investidura mientras no tuviera garantizados los apoyos suficientes, y ahora ha decidido que sí le conviene pese a que aún no tenga comprometida una mayoría. Es más, lo que por el momento sigue teniendo garantizada es una derrota. Si ahora ha decidido que le interesa poner en marcha el reloj institucional marcado por la Constitución es obviamente por lo mismo que ha actuado el presidente (e.f.) en todo momento: pura táctica política. Incluso llevada a la caricatura. Si nadie cambia de postura y no surge una alternativa desde la izquierda, el calendario sitúa la celebración de unas terceras elecciones para el día de Navidad. Cabe perfectamente imaginarse al propio Rajoy añadiendo a esa fecha el ´fum, fum, fum´ del villancico, pensando en una abstención inédita y en recuperar una mayoría absoluta que le permita gobernar sin esas ‘incomodidades’ que provoca el multipartidismo entre quienes llevan 35 años acostumbrados a ejercer el poder en todos sus estamentos. Rajoy es un veterano de la mentira y trata ahora de tocar el violín, cuando solo sabe ir de poltrona en poltrona. Mientras, corruptos y corruptas le agradecen que no tire la toalla, pero ha llegado el momento de decir basta. De dejar paso a un presidente de Gobierno limpio y justo.

En la gacetilla de mañana hablaremos de BREVES REFLEXIONES.

 

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