@ellibelaresc

Parece ser que el convento agudiza el ingenio. La historia de hoy la he leído en Vanitatis, la revista digital del corazón.

‘El que no hereda no medra’. Este es un dicho que podría aplicarse a los miembros de la familia real belga. Tras el fallecimiento de la reina Fabiola en el castillo de Stuyvenberg, el 5 de diciembre de 2014, mucho se habló de que, cumpliendo con la última voluntad de la española, su herencia había sido donada a los más desfavorecidos a través de la fundación Obras de la Reina, que ella misma creó en 1960 al contraer matrimonio con Balduino. Dicha fundación pretende ayudar a los indigentes y a las personas con pocos recursos económicos. Semanas después de su muerte, fuentes cercanas a la casa real belga aseguraron que todo el patrimonio y las pertenencias de la reina ya habían sido donados a la beneficencia, aunque no quisieron hacer más declaraciones por tratarse de un asunto meramente privado. Sin embargo, lo cierto es que a día de hoy existen aún varias dudas sobre el paradero de la herencia de la española.

La reina Fabiola, quien antes de casarse con el rey Balduino el 15 de diciembre de 1960 consideró muy seriamente hacerse monja, durante su larga vida fue una fanática defensora de la fe católica, decidió en sus últimos años de vida que todo lo suyo debía ir a parar a los que más lo necesitan. Así pues, siguiendo a rajatabla las enseñanzas de la Biblia que aseguran que ´si uno es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da, ¿cómo puede tener amor de Dios en su corazón?´, la reina se despojó de todos sus bienes materiales para entrar en el reino de Dios, pero no todo fue donado a los pobres. Tal como aseguran varios medios belgas, los miembros de la familia real se habrían quedado con un ‘cachito’ de ese patrimonio de ‘la tía Fabiola’, que se ha especulado que podría rondar los 10 millones de euros.

Una de las grandes dudas respecto a las joyas de la soberana es la tiara de diamantes y piedras preciosas que el general Franco le regaló a Fabiola con motivo de su enlace con el rey Balduino. La diadema no está exenta de polémica, ya que era una joya falsa. Antes de ser comprada por Franco, dicha tiara estuvo depositada en un convento para servir de adorno a una escultura de la virgen y las monjas fueron vendiendo las piedras preciosas verdaderas y sustituyéndolas por cristales de colores. Los joyeros de la familia real belga descubrieron la falsedad de las piedras y el Gobierno español  las cambió por unas verdaderas. De momento, la tiara no ha vuelto a ser lucida, aunque es muy posible que, como las otras joyas de Fabiola, haya pasado a formar parte de la Corona belga. Deberá ser la reina Matilde quien decida si quiere lucirla o, por el contrario, prefiere venderla.

Otro de los asuntos que no acaban de encajar sobre la herencia de Fabiola es la creación, en 2013, de una fundación llamada Fons Pereos. Dicha fundación fue creada por la propia reina para que sus sobrinos reales, el rey Felipe, la princesa Astrid y el príncipe Laurent, pudieran esquivar el 70% de gravamen presente en la legislación belga cuando no existen descendientes directos. Una de las cuestiones que muchos se plantean ahora es ¿para qué crear esa fundación con intención de ‘engañar’ al Gobierno si después iba a ir todo destinado a la beneficencia? Algo no acaba de cuadrar en la casa real belga. Normal, lo de ellos es la transparencia.

En la gacetilla de mañana hablaremos de DONDE LAS DAN LAS TOMAN.

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