@ellibelaresc

Ya hemos escrito mucho sobre el tema, y no me pienso rendir. Tengo que seguir insistiendo en que los acuerdos de 1979 entre España y el Vaticano son unos privilegios anacrónicos inaceptables siempre, y ahora, en estos momentos de especial crisis, más inasumibles que nunca. La democracia española debe defender el principio de laicidad, que se sustenta en la libertad de conciencia de sus ciudadanos y en la neutralidad del Estado en materia religiosa. De momento sabemos que la supuesta defensa de esta laicidad es impensable. Para muestra la gacetilla (¿Dónde queda la libertad religiosa?) que en su momento publiqué sobre los acuerdos tomados por el ayuntamiento de Zaragoza (¡De izquierdas!).

Uno de los más transcendentales acuerdos de la recién renacida democracia española fueron los firmados con el Vaticano el 3 de enero de 1979. Vistos en perspectiva, dichos acuerdos son excesivamente complacientes y generosos con la iglesia católica a pesar del indudable peso histórico e implantación social de la misma en España.  Tal vez en su momento pudieran tener algún valor político para el gobierno de UCD, y después para Aznar, pero a fecha de hoy parece obvio que los acuerdos requieren una profunda revisión si no su completa derogación, aunque esto último resulta harto improbable puesto que el PP nunca lo hará y el PSOE solo lo plantea cuando se halla en la oposición pero ha sido incapaz de dar pasos en este sentido durante los 21 años que ha detentado el poder España con los Gobiernos de Felipe González primero y de Rodríguez Zapatero después.

Recordar algunos puntos estipulados en el Concordato puede resultar interesante: la revisión del sistema de aportación económica del Estado español a la Iglesia Católica resulta de especial importancia[…]. El Estado se compromete a colaborar con la Iglesia Católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico[…]. El Estado podrá asignar a la Iglesia Católica un porcentaje del rendimiento de la imposición sobre la renta o el patrimonio neto y otra de carácter personal, por el procedimiento técnicamente más adecuado. […]No obstante, hasta que se aplique este nuevo sistema, basado en la manifestación expresa de los contribuyentes en asignar a la Iglesia la aportación correspondiente consignada en su IRPF, el Estado se compromete a consignar en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) la adecuada dotación a la Iglesia, la cual tendrá carácter global y único, que será actualizada anualmente[…]El propósito de la Iglesia es lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades.

Observemos el trato de favor que se concede a la Iglesia: no hay recortes y las cantidades que abonará el Estado serán actualizadas anualmente sea cual sea la situación de las arcas públicas, una garantía que nunca se ha aplicado a la salvaguardia de los servicios públicos ( educación, sanidad, asistencia social y pensiones) en estos aciagos tiempos de crisis económica. También se indica la ´voluntad´ de la iglesia de autofinanciarse. Han pasado 36 años y seguimos con lo mismo. ¡Para cuándo una República indivisible, laica, democrática y social! ¿Para cuándo un Estado que no reconozca, ni pague, ni subvencione ningún culto? No se ha inventado nada mejor para vivir juntos que la laicidad.

Además de la financiación a cargo de los fondos públicos, los Acuerdos de 1979 conceden a la Iglesia toda una serie de exenciones tributarias, como es el caso de la ´exención total y permanente´ de la Contribución Territorial Urbana, el actual IBI, de sus edificios, exención que se hace extensiva a los impuestos reales o de producto sobre la renta y sobre el patrimonio. Igualmente, se le concede la exención total de los Impuestos sobre Sucesiones y Donaciones y Transmisiones patrimoniales en aquellos de sus bienes que se dediquen al culto, al sustento del clero, al ´sagrado apostolado´ y al ´ejercicio de la caridad´. Finalmente, se le reconoce la exención de contribuciones especiales y de la tasa de equivalencia.

A todas las exenciones fiscales anteriores se contemplan también beneficios fiscales para las asociaciones y entidades religiosas que se dediquen a actividades religiosas, benéfico-docentes, médico-hospitalarias o de asistencia social.

El ´chollo´ no tiene nombre, y el escándalo lo tenemos en que todavía se mantenga este Concordato.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PRIVILEGIOS ANACRÓNICOS (y 2)

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