@ellibelaresc

Los resultados de las elecciones de diciembre, y luego las de junio, han marcado una política nacional que raya, si no sobrepasa, el esperpento. Se supone que los políticos, independientemente de las posiciones de partido, están por la cosa pública, por pensar en el bienestar de los ciudadanos  en perjuicio de sus intereses personales y de partido. No es así en este país, al menos desde los tiempos de la Transición hasta este mes de agosto. Principalmente desde diciembre de 2015 los españoles estamos inmersos en una farsa nacional de calidad ínfima, que de haberse estrenado en un cine habría provocado abucheos y silbidos apenas acabados los títulos de crédito.

¿Qué nos están ofreciendo los partidos políticos, principalmente PSOE y PP? Asistimos a la escenificación indecente de un teatro del absurdo, a la lucha de sordos entre los partidos del bipartidismo y el desafío regeneracionista que plantea C´s, sobre todo al PP. El bando bipartidista comparte un concepto de la política basado en el engaño y el escaqueo en beneficio propio. La transparencia, la honestidad y la búsqueda de soluciones comunes son actos que los bipartidistas siempre despreciarán a favor de la triquiñuela cutre, la mentira insolente y la anteposición del interés personal a todo lo demás.

Afortunadamente la gente, los españoles, nos estamos dando cuenta de la calidad ética ínfima de nuestros políticos. Del desparpajo con que mienten y de la facilidad con que salen de la mentira inventándose argumentos apócrifos. A estos políticos cabría aplicarles la paradoja del mentiroso del  filósofo griego Epiménides (s.VI a.n.e): ´Todos los cretenses son unos mentirosos´. Dado que el autor de la frase era cretense, ¿podía considerarse cierta su afirmación? Si decía la verdad, estaba mintiendo; si estaba mintiendo decía la verdad, pero entonces si decía la verdad mentía y así ad infinitum.

La versión española de la paradoja formulada hace 26 siglos en Creta sería: ´Todos los políticos son unos mentirosos´, dicha por cualquiera de nosotros sobre nuestros candidatos. Si ellos mienten, nosotros decimos la verdad y viceversa. Un bucle infinito en el que España parece cómodamente instalada. Después de cuarenta años de franquismo y cuarenta de transición ¿alguien recuerda que la política es la parte de la ética relacionada con el buen gobierno de un país, el amparo de su seguridad, paz y prosperidad, el aumento de sus recursos nacionales y la mejora del bienestar de sus ciudadanos? Los países que sí lo saben nos llevan décadas de ventaja, por no decir siglos. Y nos contemplan asombrados.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL ARMA LETAL DE LA NUEVA POLÍTICA.

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