@ellibelaresc

Después de la tempestad los actuales dirigentes del PSOE se empeñan en hacernos ver que ha llegado la calma. Están muy equivocados, y son ya muchos los votantes y simpatizantes del partido que piensan que los felipistas-susanistas llamados críticos son unos golpistas. Así, como suena. El órdago que han provocado no sé si los desbordará porque para ellos el objetivo no era echar a Rajoy sino a Sánchez, que se había envalentonado mucho, demasiado.

El PSOE se enorgullece de su democracia de pies a cabeza que no han puesto en práctica esta vez. En la defenestración de Sánchez los llamados críticos no han tenido en cuenta ni a la militancia ni a la opinión pública. Han ido directamente al bulto sin querer entender que en el actual panorama político español hay un competidor real a la izquierda del PSOE que puede superarle en votos en cualquier momento. No han reparado en que una conspiración de las élites del partido resulta profundamente antipática y puede provocar un nuevo abandono de militantes y votantes. No han querido hacerse cargo del problema grave que tiene el PSOE en el electorado más joven, el que representa el futuro, y que con toda seguridad estará espantado tras contemplar cómo se resuelven los conflictos en el partido socialista.

Esa casta golpista no ha querido medir sus fuerzas con los afines a Sánchez, y les ha importado un bledo montar un espectáculo lamentable, del que el PSOE tardará años en recuperarse, para deshacerse de un secretario general elegido por la militancia. ¿Qué razones han aducido? ¿El no a Rajoy? Era lo pactado con la ejecutiva. ¿Ser oposición antes que gobernar con Podemos y los Independentistas? Le podían haber ´mandado´ a Sánchez que no intentara hacer un gobierno alternativo al PP. Ninguno de los interrogantes anteriores han sido el origen del conflicto, que se centra más bien en unas razones de muy poco peso (el trato distante con los barones, la convocatoria de un congreso, la gestión del secretario y haberse envalentonado con la lozana andaluza) que no justificarían nunca una solución tan traumática como abrir el partido en canal a la vista de todos. Que dirigentes que ganan elecciones y tienen una trayectoria inequívoca como Javier Fernández, Susana Díaz (´Este chico no vale, pero nos vale´), Javier Lambán o Guillermo Fernández-Vara, por citar sólo los más conspicuos, fueran increpados con gritos de ¡fascistas! ¡fascistas! ¡golpistas, golpistas! teóricamente por propios compañeros de militancia refleja hasta qué punto el PSOE está en llamas y en quiebra total.

La élites socialistas no quieren entender que desde 2011 están en caída libre, que el problema no es de liderazgo sino de ideas, de progresismo, de implicación con las bases, de ofrecer sin rehuir la coherencia de sus orígenes: socialista, obrero y republicano. Las fuertes caídas del PSOE siempre se han producido cuando las élites del partido han actuado al margen o en contra de sus bases sociales, poniendo por delante de la ciudadanía los grupos de poder económico y mediático del país o a las instituciones europeas que reflejan una concepción vertical y jerárquica del poder que siempre ha supuesto la ruina electoral del PSOE.

La destitución (dimisión) de Sánchez es un acto de ceguera política, no porque Sánchez fuera mejor o peor dirigente, sino porque ha sido una operación diseñada desde arriba, sin contar con la opinión pública y la militancia en un momento histórico en el que muchos ciudadanos han mostrado su hartazgo con esa forma de hacer política. La dimisión Sánchez tiene una cruda traducción. Los que mandan sin ser electos no están dispuestos a perder nunca. Hemos perdido todos los que teníamos la esperanza de que un gobierno del cambio sacara de Moncloa al partido corrupto que tanto sufrimiento ha causado a este pueblo. Los que mandan no estaban dispuestos a que así fuera y, cuando el riesgo se ve próximo, todo vale. Hasta el espectáculo al que hemos asistido y la fractura de un partido centenario.

La hoja de ruta de los que han llegado es clara. Primero van a construir el relato para abstenerse y dejar que gobierne Rajoy. Luego confían en tener cuatro años en la oposición para rehacerse y lograr llegar a las próximas elecciones con la posibilidad de revivir el bipartidismo. Eso es lo que venden. Siguen sin darse cuenta de que todo ha cambiado. Lo sucedido no ha sido un golpe limpio sino tortuoso, sucio y metafóricamente sangriento.

En la gacetilla de mañana hablaremos de RAJOY Y LA CULTURA.

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