@ellibelaresc

El primero de los juicios por la corrupción del Partido Popular ha empezado estos días. Hablamos del juicio Gürtel.  Desde al menos finales del año 1999 hasta el año 2009, el acusado Francisco Correa Sánchez lideró un entramado societario y personal dirigido a enriquecerse ilícitamente con cargo a fondos públicos; bien mediante la obtención de contratos públicos tanto para sus empresas como para empresas de terceros -a cambio, en este caso, de la correspondiente comisión-, bien mediante el apoderamiento directo de fondos de las entidades públicas. La red de influencias de Francisco Correa que le permitió apropiarse de fondos públicos se extendió a comunidades y municipios gobernados por el Partido Popular dada su estrecha relación con algunos de sus miembros.

En estos momentos se está juzgando la primera etapa delictiva de la trama (1999-2005), vinculada a las comunidades de Madrid y Castilla y León, así como a los ayuntamientos de Madrid, Pozuelo de Alarcón, Majadahonda y Estepona .En juicios posteriores se examinará el último periodo de actividad (2006 a 2009) en otras localidades, tales como Boadilla del Monte (Madrid), así como diversas piezas separadas. La ‘contabilidad B’ del PP tendrá su juicio aparte.

El arranque del juicio se produce en un momento en que el PP está ocupado y preocupado por la gobernabilidad, pendiente de los movimientos que pueda hacer el PSOE y a la espera de que los socialistas cambien su no a Rajoy por una abstención. Por eso lo que está sucediendo en la Audiencia Nacional el PP está como queriendo darle una importancia secundaria, como si fuera algo que no va con ellos. Pura táctica y estrategia. Recurren al argumento que ya nos es conocido y que quieren que sea exculpatorio para el partido: ´Todos los afectados fueron expulsados o abandonaron el PP. Ninguno es militante ahora´, y se quedan tan anchos. Y a continuación añaden otra muletilla que es válida si les va bien, pero les agria el carácter cuando va en su contra: ´Que la Justicia haga su trabajo´ mientras trabaje a mi favor, en caso contrario son los jueces los culpables por trabajar a favor de tal o cual partido. Cínicos son un rato largo. Y ya no hablamos cuando pomposamente hablan de colaborar con la Justicia cuando, en este caso, y desde que se descubrió la trama, no han hecho otra cosa que entorpecerla. Los jueces sentarán en el banquillo al PP, eso sí: a título lucrativo, lo que implica que el partido no tenía conocimiento de la actuación de la trama Gürtel pero se aprovechó de sus beneficios (por eso si finalmente es condenado, en la sentencia se fijará la cantidad económica que el PP debe aportar al erario público por el beneficio obtenido ilícitamente). Lo mismo que le ocurrió a Ana Mato: tenía el Jaguar en casa y no se preguntó cómo había llegado al garaje. Era lo normal.

El escándalo es tan grande que resulta impensable que los daños colaterales que ha sufrido el PP sean tan poco significativos. La sensación en el partido es que, en parte, ya han pagado por ello (se refieren a los votos que han perdido, cuando deberían haberlos perdido todos). La corrupción, explican, está ´amortizada´. A esta circunstancia atribuyen que no les hayan pasado factura escándalos como el nombramiento (después frustrado) de José Manuel Soria como alto cargo del Banco Mundial o la decisión de Rita Baberá de no renunciar a su escaño y pasarse al Grupo Mixto tras la investigación abierta contra ella en el Tribunal Supremo. Las encuestas incluso apuntan a una mejora del resultado del PP en unas hipotéticas terceras elecciones, como consecuencia del bloqueo institucional en el que está inmersa España. El PP entiende que, al margen de los juicios en marcha, en una nueva cita con las urnas a ellos les iría muy bien. Y seguro que lo van a intentar a pesar de que predican que unas terceras elecciones serían el caos. En cualquier democracia mínimamente madura, sería inimaginable que el presidente de un partido sentado en el banquillo por delitos relacionados con la corrupción y acusado de haberse beneficiado de actuaciones ilícitas pudiera seguir en el poder.

No nos referimos aquí a las otras causas por corrupción en las que está implicado el PP. En todas ellas (Taula, Palma Arena, Púnica, Son Espases, papeles de Bárcenas, destrucción de ordenadores…) aparecen también toneladas de indicios de financiación ilegal de campañas electorales. El PP ha acudido a las contiendas electorales, desde los años 90 hasta como mínimo 2011, dopado económicamente. Ha competido con recursos de origen irregular, donados por empresarios que a cambio esperaban recibir (y recibían) adjudicaciones públicas desde las administraciones municipales y autonómicas gobernadas por la formación de Rajoy. ¿Cómo medir la relación entre inyecciones de publicidad institucional y el abrumador apoyo mediático que el PP ha mantenido durante décadas? Sería un buen tema de tesis doctoral para Camps.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL GANADOR DEL CONFLICTO ES RAJOY.

 

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