@ellibelaresc

gestora-psoe-a1Todos los llamados críticos del PSOE antes y después del Comité Federal echaron balones fuera para intentar justificar el golpe que iban a dar y el que dieron en connivencia con las viejas glorias del partido que más parecen PePeros que socialistas: los Bono, Page, Vega, Lambán, Puig, Corcuera, De la Vega, Salgado, Morán, Barrionuevo, Rubalcaba, González (¡Vaya repaso que le dieron ayer en la Autónoma!), y así hasta el infinito y más allá. Fundamentalmente todos tenían un nexo en común, que no era otro que echar a Sánchez de la secretaría general. Y lo consiguieron, porque cualquiera se mueve de la foto.

La prensa les ha pedido explicaciones, las han dado a regañadientes y  más peregrinas no pueden ser: unos, por las derrotas electorales acumuladas, sin querer ver que la sangría se arrastra desde la última época de Zapatero; otros, porque lo consideran responsable de haber roto el partido, entiéndase sus intereses. Sánchez habrá hecho cosas mal, como todos los secretarios generales que ha tenido el partido, pero nadie le negará que ha sido el único secretario general que ha abierto el partido a las bases, y esto la casta derechizada no lo puede soportar porque lo que quieren es que les voten y luego abandonar a la militancia; otros también veían en ´el Rojo Sánchez´ un cierto regusto por acordar un gobierno con Podemos con el visto bueno de los independentistas, y eso no lo admiten los jarrones chinos ni los aliados mediáticos ni el poder económico; muchos, porque querían devolver los golpes y humillaciones ejercidas por Sánchez durante el último año y medio; algunos porque desde muy pronto no fue todo lo dócil que se esperaba de él; los más porque consideraron que su anuncio de primarias exprés y congreso en diciembre era una estratagema cuyo único objetivo consistía en seguir cuatro años más al frente del partido, sin posibilidad de acordar un gobierno alternativo; y todos coincidían en que Sánchez sobraba. Aunque a los críticos les sobraran motivos para deponer a Sánchez, erraron en las formas y lo hicieron sin un relato convincente. Ahora intentan gota a gota, declaración a declaración, que vaya calando la inevitabilidad de aceptar la investidura de Rajoy. Y este volverá a ser beneficiario o partícipe a título lucrativo por obra y gracia del PSOE. Lo quieren ocultar pero la realidad es que estaban muy a gusto con el bipartidismo, y lo van a volver a intentar. La investidura de Rajoy por parte del PSOE es el primer paso. De vergüenza.

Pero en el PSOE las cosas no están nada claras. La militancia se ha dado cuenta del engaño en que los han metido. Es de tal magnitud la escisión, que hasta se están recogiendo firmas entre la militancia con miras a una moción de censura contra la gestora que ha tomado las riendas del partido tras derrocar a Pedro Sánchez. El problema, piensan los militantes, no es Sánchez sino la triste realidad  de un partido al que llegaron a votar más de once millones de españoles de distintas generaciones y hoy es  un reducto al que solo apoyan los más añosos mientras que sus hijos y nietos se decantan por la formación que lidera Pablo Iglesias, cuando no por opciones conservadoras. ¿Qué está fallando, pues? El compromiso, las ideas socialistas, la conexión con la calle, la vuelta a las esencias republicanas.

La dimisión de Sánchez no ha sido la solución sino el problema  porque la  guerra de Ferraz deja tras de sí  a muchos muertos y malheridos, tantos que sería un suicidio para el PSOE acudir ahora a las urnas, pero también una mala idea facilitar la presidencia del Gobierno a  Rajoy a expensas de una abstención que difícilmente entenderá la militancia por mucha pedagogía que la gestora ponga en su empeño por justificar lo que muchos interpretan ya como un giro a la derecha.

En la gacetilla de mañana hablaremos de BOB DYLAN, NOBEL DE LITERATURA.

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