@ellibelaresc

Hace más de 2.000 años los celtas celebraban cada 31 de octubre el final del verano, el de las cosechas y el comienzo de un año nuevo coincidiendo con el solsticio de otoño (´All Hallows Eve´, que evolucionado daría como resultado Halloween). Con esta celebración los druidas, sacerdotes celtas, celebraban la noche del Samhain en la que los espíritus volvían a caminar por la tierra buscando poseer a los vivos. Por eso no se encendía ningún fuego, las casas permanecían frías y oscuras, sus dueños se vestían fúnebremente para evitar la atención de los muertos y de este modo se creía que en la noche de los muertos se podía seguir con vida si se pasaba desapercibido. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos ´encontrasen su camino´.

Los romanos al conquistar Britania adquirieron parte de las celebraciones celtas, e incorporaron a su calendario el particular festejo del fin de año celta. En el siglo VII el papa Bonifacio IV incorporó la antigua tradición celta, que figuraba en el calendario romano y se practicaba en las tierras bretonas, al conjunto de las celebraciones cristianas con el nombre de la víspera del Día de Todos los Santos, en un intento de darle un marco sagrado a la arraigada tradición pagana. Hacia el año 1845, Irlanda experimentó su peor crisis económica y social, en lo que se llamaría más tarde la Gran Hambruna. Millones de irlandeses emigraron a Estados Unidos de América llevando sus tradiciones, entre ellas el Halloween, que en este país tomó un cariz mucho más pintoresco, cuando no comercial. La tradición de tallar calabazas y transformarlas en faroles con una vela en su interior enlazaba con la costumbre celta de mantener a los espíritus malignos alejados de las personas y de las casas.

Con el tiempo la fiesta religiosa degeneró en una festividad pagana para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

La fiesta tuvo un arraigo considerable en Estados Unidos a finales del siglo XIX y degeneró en violencia y vandalismo. Algunos sectores de la población consideraban la noche del 31 de octubre como un momento de diversión a costa de los demás. En principio la diversión consistía en bromas pesadas como derribar cercos o enjabonar ventanas para acabar en auténticos actos salvajes contra personas y animales. Por eso en 1930 se incorporó a la fiesta, con el fin de evitar estos actos, el llamado ´souling´, una especie de servicio para las almas. El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, los cristianos primitivos tenían la creencia de que los muertos permanecían en el limbo durante un período posterior a su fallecimiento y que las oraciones, aunque fueran rezadas por extraños, podían acelerar el ingreso del alma al cielo. Por eso iban de pueblo en pueblo mendigando ´pasteles de difuntos´ (soul cakes), que eran trozos de pan con pasas de uva. Cuantos más pasteles recibieran los mendigos, mayor sería el número de oraciones que rezarían por el alma de los parientes muertos de sus benefactores.

Y así a partir del ´souling´ los organizadores de esta fiesta en las distintas comunidades comenzaron a proponer alternativas de diversión familiar para contrarrestar el vandalismo: concursos de calabazas talladas y disfraces o fiestas para niños y adultos. Con el disfraz puesto (cuanto más terrorífico y esperpéntico mejor) hay que recorrer las calles yendo por las casas del barrio. Las pandillas de niños van por la calle con sus calabazas, llaman a las puertas y cuando el inocente visitado abre la puerta, lanzan el grito unánime truco o trato (trick or treat). La tradición exige que el dueño de la casa ceda al chantaje, regalando a los niños todo tipo de dulces y golosinas de Halloween. Eso es lo que se llama hacer trato (treat) con ellos. De no hacerlo así y no darles nada, el vecino se expone a los trucos (tricks) de los niños disfrazados, que suelen ser el lanzamiento de huevos contra la fachada de la casa.

Resulta curioso, y hasta irónico, que muchos hayamos pensado que la fiesta no era cosa nuestra sino de los americanos que con su influencia la habían exportado a muchos países de Europa. No ha sido así, la fiesta es europea y ha vuelto a sus orígenes.

halloween-catolicoTermino con esta estupidez: Los obispados de Cádiz, Cartagena, Alcalá (siempre pionero) y Ciudad Rodrigo proponen ‘Holywins’ para combatir el ´ambiente contrario a la resurrección´ de Halloween. Se invita a los niños a que vayan disfrazados de santos. El juego de palabras, en inglés, se traduce como ´la santidad vence´.

En la gacetilla de mañana hablaremos de NOCHE DE BRUJAS.

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