@ellibelaresc

Hablábamos ayer de la fiesta de Halloween y entre otras consideraciones decíamos que con el tiempo la fiesta religiosa degeneró en una festividad pagana para celebrar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos. La gacetilla de hoy quiere ser una continuación de la de ayer.

La bruja de Halloween, junto a la calabaza, son los dos grandes símbolos de la fiesta. La leyenda cuenta que las brujas se reunían dos veces al año convocadas por el Diablo: el 30 de abril y el 31 de octubre. Satán realizaba la convocatoria y ellas acudían montadas en sus escobas, como las configura la tradición popular, para compartir hechizos y sabiduría negra en aquellas fiestas macabras, llamadas aquelarres. Así, para muchos, esta noche no solo es conocida por sus fiestas repletas de calabaza y por ser víspera del día de Todos los Santos, sino también por dar la bienvenida a un nuevo año de brujería. Las brujas de Halloween simbolizan que este último día de octubre los poderes satánicos y la brujería están en su nivel más alto. Se tenía la convicción de que las brujas, al ser poseedoras de la magia, poseían también la máxima sabiduría.

Aunque no me gustan este tipo de celebraciones, ni participo en ellas, reconozco que las brujas me caen mucho más simpáticas que las ánimas del purgatorio. Pero en esta gacetilla no quiero hablar de estas brujas tan simpáticas de Halloween sino del siniestro arquetipo ´bruja´ que desde tiempos inmemoriales se ha identificado con ciertas mujeres símbolos de la perversidad y la maldad. ¿Quién no ha sentido terror en la infancia ante esa palabra y las ideas amenazadoras con que se nos llenaba la mente ante un arquetipo que formaba parte de nuestro ideario básico infantil?

Cuando desde el Estado o desde las esferas de la religión se ha querido amordazar ideológicamente a la mujer o incluso quitársela de en medio porque molesta, ya desde tiempos remotos se ha recurrido a calificarla de bruja. Aunque los orígenes ideológicos del concepto se remontan a Agustín de Hipona, uno de los ´padres´ del cristianismo y un gran misógino, fue entre los siglos XV y XVIII cuando se produjo la más brutal persecución de mujeres en Europa. Algunos historiadores calculan que alrededor de nueve millones de mujeres fueron torturadas y quemadas a lo largo de diez siglos. Mujeres, y algunos hombres, que eran acusados, con la Santa Inquisición de por medio, de ´brujería´. En esencia, otra forma más de lo que llaman ´herejía´.

Pero lo cierto es que estas acusaciones y ejecuciones no eran otra cosa que una herramienta perfecta para justificar el acoso, la persecución y el exterminio de las mujeres sabias o libres que se mantenían independientes de los dogmas cristianos. Brujas eran todas aquellas mujeres que se mantenían fieles a las tradiciones culturales precristianas, o que eran sanadoras y conocían las propiedades de las plantas, o que asistían a las mujeres en los partos, o que leían, o que eran depositarias de la sabiduría ancestral de generaciones, o que eran independientes y libres, o que eran rebeldes y no se avenían a las pautas de vida férrea de la religión y del poder establecido. Brujas eran, en definitiva, todas aquellas mujeres que encarnaban la fuerza, la libertad, la intuición, la afectividad y el enorme poder de lo femenino.

Fue a partir de los movimientos feministas de los años 70 cuando se empezó a reivindicar la memoria de tantos miles de mujeres que a lo largo de la historia fueron perseguidas y quemadas por la Iglesia, en connivencia con los Estados, en lo que ya se empezó, en justicia, a considerar como lo que realmente fue, un terrible genocidio de mujeres sabias, o libres, o disidentes de imposiciones y dogmas; mujeres contra las cuales el cristianismo lleva desde sus propios inicios inyectando estigma, repudio y miedo en el subconsciente colectivo, por la sencilla razón de que eran espíritus libres que escapaban y disentían de sus tiranías, y del papel secundario y pasivo al que habían sido relegadas en la sociedad. Las mujeres que leen o escriben son peligrosas. Las mujeres que piensan y sienten también lo son. ¡Cuánto daño hacen las religiones!

En la gacetilla de mañana hablaremos de DOS POSIBILIDADES.

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