@ellibelaresc

Todo me indigna en Mariano Rajoy: su estudiada chulería, su prepotencia, su sonrisa sardónica, sus salidas de tono con mala uva, sus sentencias desafortunadas siempre, su manera de hacer política y reprimir la libertad de expresión, su connivencia con la corrupción, su ´Luis sé fuerte´, sus andares de sargento de húsares, sus tics oculares que lo ponen en evidencia; ser el presidente que ha vaciado la caja de las pensiones, quien con su reforma laboral ha posibilitado que más de 1.500.000 de trabajadores fijos hayan perdido su empleo de calidad; el presidente que no ha dado otra salida a los jóvenes que lanzarlos a trabajar al extranjero, porque aquí no se les ofrecía futuro; el que ha denigrado la función pública y a todos sus empleados y ha reducido las prestaciones por desempleo; el que aprobó la LOMCE y deteriorado gravemente la calidad de la enseñanza pública, el que  ha intentado desmantelar la sanidad pública en las comunidades donde su partido ha gobernado y ello para privatizarla; el que ha incrementado fuertemente la desigualdad social haciendo más ricos a los ya ricos; el que ha criminalizado la protesta social, aprobando la llamada Ley de Seguridad Ciudadana. Todo ello hecho a golpe de Decreto Ley, ignorando al Parlamento, a las organizaciones sociales y sindicales y  desprestigiando la política y las Instituciones democráticas. No pararía, pero por lo que ya definitivamente no paso y lo digo con cabreo, con rabia, con indignación es por la falsedad del susodicho de jurar para ser presidente de ´todos´ los españoles ante una cruz, la biblia y la Constitución (solo le faltaba el Marca y El País). ¡Ya está bien! Ya es hora de que la cabeza del Ejecutivo deje de tomar posesión ante símbolos religiosos estando, como estamos, en un Estado aconfesional y laico. La Constitución, en su artículo 16.3 lo dice bien clarito: ´Ninguna confesión tendrá carácter estatal´. Pero el articulado a él y a los suyos les resbala mucho. Solo recurren a la Carta Magna cuando les interesa y muchas veces con interpretaciones muy peculiares y particulares.

Un dato curioso me llama la atención y evidencia el calibre de este individuo y sus lacayos, que para justificar sus actuaciones buscan símbolos que den la apariencia de coherencia y de legitimidad, aun sabiendo que no van a cumplir. La Biblia sobre la que juró Rajoy (de 1791 y perteneció a Carlos IV) estaba abierta en el libro Números, 30. Con este símbolo Rajoy nos quería hacer ver que cumplirá lo que se dice en los versículos 1-3: ´Moisés habló a los israelitas conforme el Señor le había ordenado. Moisés habló a los jefes de las tribus de Israel. Esto es lo que ordena el Señor: cuando un hombre haga un voto al Señor o se comprometa a algo bajo juramento, no faltará a su palabra. Como lo dijo, lo hará´. Ya podemos empezar a hacer marcas en nuestra libreta de notas de las veces que va a incumplir su juramento. Ni tiene vergüenza, ni tiene temor de Dios. Pero él a lo suyo: sin ningún rubor a dar a la iglesia católica lo que niega a Servicios Sociales. ¿Juró también ese mandato que dice: ´No robarás´?

En este hecho del juramento no se trata en este caso de clericalismo ni de anticlericalismo. Ni siquiera hace falta planteárselo en nombre de la separación completa entre la Iglesia y el Estado, que en España no existe —según se desprende de la propia Constitución—, a diferencia de los países oficialmente laicos. Se trata de garantizar a los ciudadanos, cualesquiera que sean sus creencias —o la ausencia de ellas— que el Estado respeta y coopera con las diversas confesiones, aunque no hace suya ninguna. Difícil sostener que esto es verdad cuando la autoridad más importante del Ejecutivo jura ante una Biblia y un crucifijo. Es verdad que ni siquiera los últimos Gobiernos socialistas plantearon cambios protocolarios en este tipo de actos. Pero alguna vez habrá de pactarse que las autoridades del Estado deben adaptarse a una sociedad evidentemente plural y aconfesional.

Nos esperan otros cuatro largos años de misas, escapularios e inciensos con un gobierno que considerará su gestión política como una tarea divina, olvidándose, sirviendo a Dios,  de su obligación de servir a los hombres. Rajoy y sus ministros no quieren darse por enterados (razones electorales) de que la esencia misma de la democracia es la tolerancia, el respeto a la diversidad ideológica y a la libertad; y la esencia misma de toda doctrina religiosa es, justamente, todo lo contrario. Una democracia es laica o no es democracia. La injerencia de la religión en los Estados  ha sido siempre y es la mayor causa de freno y oposición al progreso, a la evolución, y, por supuesto, a las democracias.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿Y LAS RELIQUIAS?.

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