@ellibelaresc

En una gacetilla anterior (¡Vaya estupidez y cinismo!) hablábamos de la última estupidez, yo creo que por negocio soterrado, que se les ha ocurrido a los dirigentes de la secta católica: la de prohibir a sus seguidores que esparzan las cenizas de sus muertos en otros lugares que no sean los que ellos califican de ´sagrados´ (cementerios e iglesias). Como respuesta a la incongruencia comentábamos también que la medida era una irresponsabilidad, dado el gusto, el placer y la costumbre tan finisecular que la iglesia católica ha tenido en la cremación de seres humanos en las hogueras de la Inquisición.

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Hoy, con esta viñeta, queremos saber qué hará a partir de ahora la secta con todos los miembros de sus santos y fundadores que  tiene esparcidos por el mundo católico: la oreja de san Pedro; reliquias de brazos hay muchas, pero en este caso tenemos que hacer referencia por su importancia al de santa María Virgen, recogido juntamente con su hígado; cabellos de la Virgen María, de la Magdalena y de Juan; el corazón de la Virgen María y su lengua, todo en el mismo relicario en san Pantaleone (Roma). Sesenta y dos dedos se veneran de Juan el Bautista. La sangre de Cristo; un estornudo del Espíritu Santo encerrado en una botella; tetas, manos, costillas, pies, huesos de todo el cuerpo, cráneos. Pero una de las reliquias más populares es nada menos que la del santo Prepucio de Jesús, del que se veneran hasta 14. Todos auténticos, según la Iglesia. Todos imposibles, según el sentido común. Esta dispersión de miembros del cuerpo humano me provoca una duda y una pregunta: si el cuerpo de ese santo, privado de alguno de sus miembros, tendrá derecho a la resurrección. ¿No ve la secta en esta práctica de las reliquias humanas una falta de respeto a la integridad de cuerpo, incluso en la muerte? Dirán que no y se inventarán ex cathedra cualquier otra estupidez. Por una razón muy sencilla: hay mucho en juego. Sobre todo dinero, aparte del profundo ´desconcierto espiritual´ que generaría en los fieles.

La iglesia debería de ocuparse más de humanizar la pastoral de las despedidas y el duelo y menos de prohibir, más del amor y menos de la culpa, más de acompañar y menos de adoctrinar, porque cuando alguien sufre el tremendo dolor de la perdida necesita humanidad, amor y acompañamiento, y no prohibiciones, sentimientos de culpabilidad, ni doctrinas.

En la gacetilla de mañana hablaremos de TRUMP Y RAJOY.

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