@ellibelaresc

2016-11-09-photo-00000001Ya conocemos los resultados de las elecciones norteamericanas. Una vez más, ni los sondeos ni los expertos en demoscopia fueron capaces de prever el desastre. Porque, probablemente, sus presunciones fundamentales les llevaron a errar en cuanto a la importancia de la diversidad racial y demográfica de EEUU, así como a sobrestimar la reacción de las mujeres norteamericanas frente al descaro machista de Trump y a subestimar la ira ciudadana contra el establishment de Washington y los políticos profesionales frente a los que ha triunfado el candidato populista republicano. Casi todo el mundo mundial, salvo cuatro descerebrados, se ha visto sorprendido por la victoria del republicano y en esa gran mayoría hay muchísimos españoles, de los que no entiendo su sorpresa y estupor.

Imaginemos a Trump como un reconocido enemigo de los derechos sociales y un pasado lleno de corrupción. Nadie en su sano juicio entenderá que se pueda votar a un autoritario, responsable de los peores y antisociales recortes en educación y sanidad. Responsable también de la pobreza y desigualdad de su país, de la liquidación de los derechos laborales de los trabajadores y de la devaluación de sus salarios. Un tramposo fiscal vinculado a la corrupción y a la financiación ilegal. Sospechoso de haber cobrado sobresueldos y de haber reformado la sede de su partido con dinero negro. ¿No es este nuestro Rajoy al que una cantidad importante de españoles han votado? ¿De qué nos escandalizamos si el Trump lo tenemos en casa?

Aun así nos escandalizamos de lo sucedido en USA y no queremos ver lo que tenemos dentro. Y así millones de españoles nos preguntamos año tras año, elección tras elección, cómo pueden votar los americanos a un ser tan deleznable y perjudicial para su país y sus propios intereses cuando aquí hace años que por idénticas motivaciones ponemos nuestro destino en manos de Mariano Rajoy y su pléyade de ministros. Los que fueron y los que serán. ¿Qué razones o argumentos sociológicos, históricos, económicos y antropológicos justifican las victorias de Trump allá, y de Rajoy, aquí?

Trump no ha propiciado la ruptura de la sociedad como se cansan de repetir desde los púlpitos mediáticos. La ruptura del pacto social, de la propia sociedad, de los miedos, de las incertidumbres, de las inseguridades es  lo que ha hecho emerger a Trump y también a Rajoy, a Berlusconi durante años en Italia, a Marine Le Pen en Francia y a esa temible saga ultraderechista del Este de Europa que ya se extiende por el norte civilizado. Los votantes se comportan de una forma muy extraña desde que sufren y pagan la crisis que no provocaron.

No nos equivoquemos: los votantes de Trump no son todos unos reaccionarios, supremacistas, xenófobos y llenos de odio, como solemos caricaturizarlos, sino ciudadanos vulnerables, hartos de perder en el juego de la economía globalizada, cansados de enviar hijos a guerras lejanas y recibir ataúdes, de sostener a unas élites cuya genuina representante es Hillary Clinton, y desesperadamente necesitados de seguridad en una sociedad estructuralmente violenta (una violencia que es mucho más que tiroteos y delincuencia). El desprecio a sus votantes me parece tan gratuito como el desprecio a los votantes del PP, que tampoco son unos corruptos antisociales.

Percibimos, pues, qué han votado los estadounidenses ¿y los españoles que siguen votando a Rajoy? Les cautiva su argumentario de que él y su PP son los únicos que ofrecen confianza, garantías, certidumbres y estabilidad. Son muchos los votantes y simpatizantes del PP que ven y escuchan a Rajoy y se creen a pies juntillas lo que dice. Contrastemos el siguiente vídeo: lo que dijo y lo que ha hecho.

Y mientras todo esto se cuece en los púlpitos políticos en los religiosos asistimos a la total inclinación de cerviz del PP ante la secta católica, y a Esperanza Aguirre pidiéndole a la virgen de la Almudena que Trump sea ´un buen presidente para los americanos y todos los demás´. Trump no solo es un problema de EEUU, nosotros tenemos a Rajoy.

En la gacetilla de mañana hablaremos de CIUDAD DEL VATICANO.

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