@ellibelaresc

El sábado 29 de octubre el PSOE dio la presidencia del Gobierno a Mariano Rajoy. Nos ahorraremos hoy los adjetivos que con tanto placer le adjudicamos en nuestras gacetillas. Con este despropósito de investidura entramos en una nueva fase política que arranca con un aluvión de medias verdades, falsedades completas y malentendidos. Un compendio que viene a confirmar que la ciudadanía sigue siendo tratada a garrotazos y como menor de edad. Se engaña quien crea que la continuidad en el Gobierno de un partido contaminado hasta el cuello por la corrupción es un ´mal menor´ respecto a la frustración que habrían provocado unas terceras elecciones. Del mismo modo que se engañan (y engañan) quienes siguen leyendo el significado y las consecuencias del 15-M con las gafas de sus propios intereses crematísticos, personales o de grupo político, económico o mediático.

Digámoslo sin tapujos: se descabalga un partido que concurrió a las elecciones como centro izquierda y su ruina sirve para cimentar al PP. Y es más: durante mucho tiempo el PSOE era a los ojos de muchos militantes y simpatizantes el lado progresista del bipartidismo. Ya no lo es en este momento. No es que no diera señales de deterioro desde hace tiempo -de ahí la pérdida de votos-, sin embargo, muchos nos negábamos a considerar la existencia del PPSOE, que PP y PSOE fueran exactamente lo mismo.  Así se ha visto a pesar de las palabras y de los discursos en la sesión de investidura. Puro teatro, tragicomedia de bajo calibre. Se ha descabalgado un partido que concurrió a las elecciones como centro izquierda y su ruina sirve para cimentar al PP.

Zascas dialécticos los ha recibido el PSOE por todas partes que no sean PP y C´s. Se lo tienen bien merecido. Pensaban los promotores del golpe (Felipe González, como pez en el agua con sus tejemanejes capitalistas; Cebrián, con su poder mediático, y la sultana andaluza y sus fieles) que el golpe se daba y todo serían flores. No ha sido así. Todo lo contrario. El barro en el que se han metido los pone en evidencia, a pesar de las buenas palabras y de los mensajes que ya nadie se cree: ´abstenerse no es apoyar´, ´Ahora sí que vamos a poder hacer oposición´, ´ahora sí que Rajoy se va a enterar, lo vamos a crujir vivo´. Hasta ya siguen las tácticas del PP: echan las culpas a los otros, a Podemos; se empeñan en ocultar todas las evidencias y miran para otro lado, a su ombligo, a su silla.

Un partido juzgado por corrupción al que solo apoyaban sus fieles poco escrupulosos con este asunto, emprende nueva legislatura. Con sus recortes, su autoritarismo, la manipulación de los medios públicos, con todo lo que ha convertido a España en uno de los exponentes de la mayor desigualdad y una pocilga ética en estamentos fundamentales. Dar el Gobierno a Rajoy –que no tiene mayoría por si se olvida–ha sido un escándalo. Rajoy no es el mal menor, como tampoco lo es este PSOE. Son males superlativos. La travesía del PSOE va a ser muy dura. Y mucho más si no quiere darse cuenta de que forzosamente tendrá que entenderse con Podemos. Mientras unos y otros no sean capaces de romper la absoluta desconfianza mutua, este país seguirá por mucho tiempo gobernado por las mismas fuerzas que han provocado con su gestión la mayor brecha de desigualdad de la OCDE.

Hoy el PSOE se encuentra en un callejón de difícil salida: o regeneración o decadencia. Y ya hemos visto que la regeneración es prácticamente imposible con un aparato que se opone (ahora veremos si el futuro congreso se atrasa como todo parece ´at calendas graecas´). Y sin regeneración el PSOE dejará de aparecer como una alternativa y ni siquiera como una alternancia, y lo más posible es que se enfrente a un futuro de decadencia similar a la del PASOK griego. El PSOE solo podrá tener futuro si opta por un profundo proceso de regeneración y de recuperación de sus esencias socialdemócratas, algo que, de momento, es altamente improbable.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA INVENCIÓN DEL CRISTIANISMO.

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