@ellibelaresc

Año 303. Inventan el Cristianismo, es una novela imprescindible, impecable para quien guste de la política romana imperial, y en concreto de la época de Diocleciano y de Constantino, y esté interesado en temas sobre los orígenes de las religiones. Nos sitúa en la tetrarquía de Diocleciano (las cuatro Prefecturas en que había dividido el imperio para controlarlo de los bárbaros) y cómo el joven Constantino, que al principio de la novela y hasta que cae en desgracia, nos aparece tutelado por Diocleciano, se va haciendo con poco a poco con todo el imperio.

La acción se inicia en el otoño del año 302. Un tal Lactancio acude al palacio de Diocleciano para proponerte una idea infalible: dejarse de tanto politeísmo y adoptar para todo el imperio una religión nueva que daría fuerza y unidad al imperio. En la sala en la que se hace la propuesta está el joven tribuno Constantino, hijo del césar de occidente. Diocleciano rechaza la propuesta y a Constantino le atrae el plan que ha oído y lo hace suyo ´in pectore´. De regreso a Britania y las Galias, donde su padre Constancio es Augusto de una Prefectura, Constantino irá madurando su idea. A la muerte de su padre hereda su territorio y poco a poco irá apropiándose de las otras tres prefecturas y, a la vez, gestando su idea de fundar una nueva religión monoteísta que sirva para cohesionar el imperio.

Desde el principio de la novela se va preparando al lector, que no se sorprende demasiado cuando lee que toda la historia del cristianismo se fraguó, se redactó, entre el año 303 y el 313. Todo lo escribieron dos personas, a las órdenes de Constantino: Lactancio, un visionario que era el hombre de la idea, y Eusebio de Cesarea, historiador y amigo de Constantino. Entre los dos se repartieron el trabajo de redacción de los textos de la nueva religión basados, fundamentalmente, en los escritos antiguos de la religión egipcia y persa: Nuevo Testamento, Evangelios, Epístolas, Hechos y Apocalipsis. Redactados los textos y con su creciente poder, Constantino encarga al cartaginés Osio la divulgación de la nueva religión: el cristianismo.

El año 314 Constantino, dueño ya de la parte Occidental del Imperio, convoca el Concilio de Arlés (Sur de Francia) e inicia así la implantación del cristianismo en medio Imperio, el occidental. El año 324, tras derrocar a su cuñado, el emperador Licinio, Augusto de oriente, Constantino convoca el Concilio de Nicea el año 325 y repite en oriente lo que antes había hecho en occidente. Pero en oriente aparecen detractores (el propio Eusebio, que tiene problemas de conciencia por la falsificación, y Arrio, que no está dispuesto a aceptar que Jesucristo sea Hijo de Dios, pero sí Maestro de Sabiduría)  y la tensión crece. Ya sé que esto es tremendo, dice el autor, Fernando Conde, pero así sucedieron las cosas.

Se trata de una novela-ensayo con un rigor y una exposición de los hechos incuestionables. La trama que se expone en el libro no es una ficción, ni una invención del autor, sino la exacta descripción contrastada de lo que sucedió con pruebas irrefutables. A quien, de repente, le cuentan de qué va la novela es natural que no lo pueda creer, pero están descubiertas las pruebas de que todos los Evangelios son obra de las dos personas citadas. Lactancio fue el verdadero creador de la nueva religión, pero Eusebio se opuso a la falsificación y preparó los textos para dejar huellas de que todo era un invento. En el libro se detallan las tres técnicas que empleó: La doble redacción, las estructuras y los acrósticos, o firmas, en todos los escritos, ya que interpoló los que había escrito Lactancio a la muerte de este. En el libro se muestran como ejemplos 14 firmas de Simón, la mayoría múltiples, en Evangelios, Epístolas, pasajes de Flavio Josefo, Plinio el Joven y en la propia Historia eclesiástica, la obra más conocida de Eusebio de Cesarea. El autor demuestra que todos esos pasajes son obra de Eusebio y llevan su firma característica, Simón, con el objetivo de que en el futuro los investigadores pudieran descubrir el fraude. Cuando, hace unos 15 años, dice el autor en una entrevista, revisando las Cartas de Santiago y Juan, llegué a la conclusión de que Jesús no había existido realmente, me entró una gran tristeza. Todo eso se explica con detalle en el libro, por eso es tan voluminoso aunque de lectura fácil.

En una entrevista el autor, cuyos conocimientos de latín, griego y hebreo le permiten acceder a los escritos en su idioma original, señala que ´lo más relevante de este libro es que aporta pruebas documentales de que estamos ante una manipulación gigantesca que ha durado 17 siglos y que ha afectado a tres continentes´. En la misma entrevista se le pregunta al autor si con el libro se ha producido alguna reacción por parte de algún medio religioso. La respuesta es que no. ´Es muy pronto y en cualquier caso no creo que la haya. La mejor forma de impedir la difusión de mi libro es hacer como si no existiera, de manera que no espero ninguna. Tendrán que ser los lectores los que se interesen y reaccionen´.

En la gacetilla de mañana hablaremos ATENTADO A LOS SENTIMIENTOS RELIGIOSOS.

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