@ellibelaresc

Nos hemos vuelto locos de remate. Yo siempre he creído en la honestidad que debe acompañar a los políticos, encargados de regular la vida pública y favorecer el bienestar de los ciudadanos. Eso en teoría, porque en la práctica ya vemos cómo, sobre todo los políticos españoles, lo que favorecen son sus intereses. Pero vayamos al grano.

El flamante nuevo presidente de los Estados Unidos de América ha ganado las elecciones con la ayuda del FBI y la también inestimable batería de mentiras y populismos que han encantado a latinos, a mujeres y al medio rural, fundamentalmente.

Son muy fuertes sus alegatos, descalificaciones y promesas: Obama falsificó su certificado de nacimiento y fundó el Ejército Islámico; Hillary Clinton es la mujer más corrupta del mundo y ella y su marido son auténticos asesinos, la meteré en la cárcel; echaré del país a todos los inmigrantes ilegales, también a los refugiados sirios; terminaré con el ISIS en quince minutos; gravare las importaciones con altos aranceles y construiré un muro en la enorme frontera con México y serán los mismos mexicanos –violadores y traficantes de droga– quienes lo paguen de su propio bolsillo; también revocaré la reforma del sistema de salud de Obama y garantizaré la libre elección de centro escolar; abriré los mercados a las reservas americanas de petróleo, gas natural y carbón, y cancelaré la ayuda de Estados Unidos a los programas mundiales de calentamiento global. Y así cientos de promesas amenazantes.

Las anteriores  son algunas de las barbaridades que ha dicho y prometido Trump y por la que millones de estadounidenses lo han votado. ¿Y ahora qué? Son muchos los analistas políticos que ante la evidencia de su victoria esperan que reconsidere sus bravuconadas y que solo cumpla una mínima parte. ¿Y entonces qué? ¿Todo vale, todo es una mentira? La gente ahora espera –quién sabe si los propios votantes de Trump también– que no cumpla sus promesas. En el colmo de la paradoja, es como si dijéramos: ´vale, Trump, miente todo lo que quieras en campaña pero, por favor, no cumplas lo que prometes´. ¿Cómo es posible que no le haya pasado factura su postura imbécil en campaña: patán machista, racista, simplón, vulgar,  ególatra y etnocéntrico? Hay en los votantes una aceptación sumisa de la mentira como parte del espectáculo. Porque una cosa son las promesas que se hacen en los mítines y otra la realidad del gobernante. Damos por hecho que Trump miente tanto que no cumplirá sus locas amenazas. Incomprensible, pero parece que es cierto ¿O no lo hemos visto en nuestro sublime Mariano Rajoy que miente compulsivamente?

Parece ser que esta es la táctica para ganar unas elecciones: embaucar a los votantes con promesas que el tiempo y la realidad harán imposibles pero que dan mucho rédito electoral. ¿O no es así como Rajoy también ha embaucado a millones de españoles? Impuestos que no subiré, el compromiso irrenunciable de no tocar las  pensiones, el compromiso de no subir el IRPF ni el IVA porque suponen más paro y recesión; educación de calidad y sin recortes, sanidad sin copago, garantizar la ayuda a la dependencia, propiciar un empleo de calidad, el compromiso de no abaratar el despido, la promesa de reformar el aborto, el compromiso de evitar la corrupción rampante y la lucha contra el fraude, no al rescate bancario; decía en su programa que ´garantizaremos siempre el respeto a los Derechos Humanos y a la dignidad de las personas con independencia de su situación legal o administrativa´, y la realidad es que el PP ha utilizado la situación administrativa de los inmigrantes para recortarles derechos; la ley mordaza; prometieron no hacer ninguna amnistía fiscal, no quitar la deducción por vivienda, no subir la luz. Promesas, promesas y promesas.

Y ahora me vienen con que una cosa es la campaña y otra el día a día tras la victoria. Que las campañas, por lo que se lee, son para captar a los incautos, y que para ello valen todo tipo de trucos, incluidos la mentira y los ataques personales.

Yo no lo creo así. Habría que arbitrar unos mecanismos democráticos que hicieran posible la destitución inmediata de un presidente electo si no cumple sus promesas. Se lo pensarían antes de mentir. Rajoy haría ya mucho tiempo que no sería presidente del Gobierno, que estaría inhabilitado, y tal vez algo más.

En la gacetilla de mañana hablaremos de 20N.

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