@ellibelaresc

Entendemos por altruismo la actitud o característica de la persona que pretende conseguir el bien de los demás de manera desinteresada, generalmente realizando una labor social o humanitaria. Y ahora la pregunta: ¿son más altruistas las personas religiosas o las ateas? Estudios científicos están demostrando que ya va siendo hora de que aparquemos la leyenda, o el mito, de que una persona religiosa es, por definición, bondadosa, solidaria y altruista y que se considere que es más sana una educación sin religión, y que los no creyentes son más solidarios, tolerantes e inteligentes.

La prestigiosa revista científica Current Biology confirma en uno de sus artículos firmado por el investigador Jean Decety  que los niños educados en hogares religiosos son menos generosos que aquellos que son criados en familias agnósticas o ateas. Además de compartir menos, los pequeños que conviven con algún tipo de fe también juzgan y castigan de forma más severa la mala conducta de los demás. Todo un síntoma.

Para llegar a estas conclusiones, los científicos han evaluado el comportamiento de 1170 niños de edades comprendidas entre cinco y doce años procedentes de seis países distintos: Canadá, China, Jordania, Turquía, Estados Unidos y Sudáfrica. La religión mayoritaria entre los participantes era musulmana (43%), cristiana (23,9%) y no religiosos (27,6%). Decety concluye que ´las sociedades secularizadas son más pacíficas y generalmente más ‘sanas’ que las de aquellos países que se anclan en valores religiosos. Los países democráticos con poca fe religiosa –como Países Bajos, Suecia, Dinamarca, Japón, Bélgica o Nueva Zelanda– a día de hoy tienen los niveles más bajos de criminalidad en el mundo y en ellos destacan el bienestar de sus ciudadanos´.

Resulta relevante, según esta investigación, que las personas profundamente religiosas son notablemente menos tolerantes que aquellos que se declaran no creyentes. Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron la correlación existente entre racismo y religión desde el año 1964 hasta 2015. Tras evaluar detenidamente los resultados, se percataron de que una fuerte identidad religiosa grupal incrementa el etnocentrismo, el punto de vista por el que se analiza el mundo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia, y, por tanto, la xenofobia e intolerancia hacia otros estilos de vida que no sea el suyo.

La revisión de más de 60 estudios científicos no deja lugar a dudas: las personas ateas y agnósticas son, generalmente, más inteligentes que sus ‘vecinos’ creyentes. Según explican los investigadores, la teoría de los panes y los peces, el arca de Noé y otras anécdotas de La biblia no dejan de ser creencias completamente irracionales que no consiguen seducir a personas con una mayor capacidad de aprender de determinadas experiencias, resolver problemas, razonar o pensar de forma abstracta.

Sin embargo, según estos análisis que estamos comentando, hay que decir que los religiosos tienen suerte en algunas cosas. Creer en algún tipo de Dios reduce notablemente el estrés y la ansiedad; también consigue ayudar a determinadas personas a manejarse mejor con la adversidad que supone enfrentarse a una enfermedad crónica. Y es que, como dice un refrán: la esperanza es lo último que se pierde.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EN MANOS DE DIOS.

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