@ellibelaresc

En una gacetilla anterior ya nos lamentábamos y escandalizábamos por esa debilidad aceptada de la conveniencia de mentir en política, desconocedores, como estamos, de que parece evidente que la mentira y la política suelen caminar juntas, son compañeras de viaje y no se estorban. Hay que mentir bien y conseguir que haya siempre un punto de verdad que esconda la mentira.

Los políticos, cuando les conviene, que es casi siempre, mienten y hablan sin mesura. A pesar de las hemerotecas y de las evidencias. La política es como el periodismo. Lo que se dice hoy se puede corregir en la edición de mañana. Y si la mentira o falsedad no se puede disimular se publica una fe de erratas y aquí no ha pasado nada. El político miente como podemos mentir todos. Lo que ocurre es que la mentira política tiene efectos más devastadores porque se miente a toda una sociedad. Y lo lamentable es que, como ocurre con el convencimiento que el ciudadano tiene de la corrupción de ciertos políticos, la mentira, que crea desconfianza, distanciamiento, desasosiego, no les pase factura.

Lo estamos viendo y sufriendo casi a diario: mentir cada vez pasa menos factura y, por el contrario, suele reportar pingües beneficios al que emplea esa técnica sin ningún tipo de complejo; beneficios como la Casa Blanca, beneficios como todo un Brexit o como el poder absoluto de Rajoy y los suyos en la anterior legislatura.

Solo unos minutos después de ser declarado ganador, Trump compareció ante sus seguidores para decirles a la cara que les había engañado. Se quitó la careta pseudofascista que le había permitido obtener 60 millones de votos para transformarse, al menos aparentemente, en una persona razonable dispuesta a hacer lo contrario de lo que había predicado durante la campaña. Aunque en este caso el fraude a su electorado, si es que se confirma, puede beneficiar a la sufrida humanidad, no deberíamos pasar por alto la gravedad del hecho: nuevamente un dirigente político alcanza sus objetivos engañando abiertamente a los ciudadanos que, incomprensiblemente,  reaccionan cada vez con menos indignación y se mueven  entre la aceptación y la mera resignación.

¿Será verdad que como preconizan algunos analistas la mentira es consustancial con el populismo? Podría ser, pero tal vez habría que hacer otras consideraciones. Por ejemplo, que los líderes populistas jamás habrían surgido sin el trabajo previo que les hicieron los partidos tradicionales. ¿Estaría capitalizando Marine Le Pen los votos de los sectores más desfavorecidos si los socialistas franceses hubieran gobernad como socialistas? Si todos los políticos son unos mentirosos, ¿por qué no votar al que más y mejor miente?

Una enciclopedia Espasa necesitaríamos para desglosar la espiral de falsedades en que está inmersa nuestra clase política. Rajoy ganó las elecciones en 2011 prometiendo exactamente lo contrario de lo que pensaba hacer: no subir el IVA, reducir el IRPF, no recortar en sanidad ni en educación, etc. Desde entonces, el presidente del Gobierno y su partido se han movido en el terreno de la ficción: eufemismos para justificar su línea económica antisocial; negaciones, artimañas y excusas frente a la corrupción; mentiras y más mentiras inyectadas en dosis tan altas que nos han insensibilizado. Los partidos de la oposición, en bloque, pidieron el voto para sacar al PP de la Moncloa. Aunque con muy distinto grado de responsabilidad, todos incumplieron su promesa. Unos se pasaron de estrategas, otros entregaron su alma a la primera de cambio y fueron los socialistas los que terminaron consumando la traición con mayúsculas. A Cospedal, por ejemplo,  no le han pasado factura sus patrañas, como tampoco la han despeinado esas últimas noticias que llegan desde Toledo y que confirman judicialmente que su campaña electoral en Castilla-La Mancha pudo ser pagada con dinero negro procedente de comisiones ilegales.

Me gustaría creer en estas palabras del presidente Lincoln: ´Es posible engañar a unos pocos todo el tiempo. Es posible engañar a todos un tiempo. Pero no es posible engañar a todos todo el tiempo´.

En la gacetilla de mañana hablaremos de AGACHAR LA CERVIZ.

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