@ellibelaresc

Ni lo he votado ni lo votaría, pero impuesto, tengo que aceptar que PP, PSOE y algunas minorías  lo reconocen como legítimo rey y Jefe del Estado. Admito así que es el número uno, y no puedo ni debo tolerar que el señor siga siendo siervo de la casta católica y no haga ningún esfuerzo por representar a ´todos´ los españoles. Ya lo hizo una vez, recién nombrado rey, cuando la primera visita de Estado que hizo fue para ponerse a las órdenes del papa Francisco. Aquí, en posteriores ocasiones, también le hemos visto inclinar la cerviz ante los faldones de algún obispo. Y la última ha sido la del día de la apertura de la Legislatura. Lo tienen claro: Dios, Patria y Rey.

Con motivo de la apertura de las Cortes Generales de la XII Legislatura, los reyes celebraron el consabido y rancio ´besamanos´. Decenas de representantes democráticos pasaron por él; con frecuencia, se inclinaban como buenos súbditos ante unos reyes más tiesos que un garrote. Tiesos hasta que llegó él, el príncipe celestial, el arzobispo Renzo Fratini, nuncio apostólico del Vaticano en España. Entonces quien dobló el espinazo en una suerte de ´besamanos inverso´ fue el rey, y lo mismo hizo Letizia, que se vea bien quiénes sirven a quiénes. ¿Esa sumisión no es toda una muestra de burla a esa Constitución que proclama la aconfesionalidad del Estado, y de menosprecio a los representantes públicos que precedían y seguían al cardenal? y, por tanto, ¿no es un agravio a todos los ciudadanos españoles? Se pregunta uno, en su inocencia, cómo es posible que los reyes, ante las mucetas episcopales, sean incapaces de mantener un mínimo de dignidad democrática.

Lo lamentable del caso es que este servilismo a la casta vaticana ya no nos sorprende, no es noticia. Por muy largo que sea el rey, todos los obispos le ven la coronilla a la Corona, dejando claro que será muy alto, pero no tanto como ´el Altísimo´.

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Indignación aparte, la novedad de este año (la mala uva de la consorte ya no es noticia por lo esperable) ha sido la presencia de las hijas de Felipe y Letizia en el acto y cómo se presupone que iban bien adiestradas para cumplir con el protocolo. Pero algo no salió bien, lo podéis comprobar en la fotografía, que no goza de buena calidad. Para empezar,  la mayor, Leonor, daba auténtica pena. Una niña de once años metida en un paripé que no tiene nombre (debía de estar en el colegio aprendiendo y jugando con sus compañeros), dando la mano a multitud de señores y señoras mayores y poniendo de relieve el grado de adoctrinamiento que atesora no solo en el catolicismo sino al servicio de los intereses de la Monarquía, que por lo que se ve no coinciden con los de España. Dio auténtica lastimita  cumpliendo a rajatabla lo que le habían mandado: ´cuando veas al señor de fucsia lo saludas, sonríes, aunque tu madre no lo haga, y le inclinas la cabeza´, y así lo hizo Leonor. Lamentable que se implique a una niña en este montaje.

Sofía, la hija pequeña, fue el verso suelto de la ceremonia. La niña, sorprendentemente, y en contra del protocolo aprendido, no se inclinó ante el solideo púrpura. ¿Rebelión, lucidez precoz?  Me temo que es que no le insistieron lo suficiente, porque ella va detrás de su hermana en la línea sucesoria y pinta menos; pero ya lo arreglarán, para su desgracia y nuestra vergüenza ajena, la próxima vez.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LOS OBISPOS SÍ HACEN SONREÍR A LETIZIA.

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