@ellibelaresc

El día de la muerte de Rita Barberá el PP, conmocionado y rasgándose las vestiduras, pidió a los grupos parlamentarios del Congreso que se hiciera un minuto de silencio en su recuerdo (no se hizo con Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao del PNV, ni con Pedro Zerolo, del PSOE, ni con José A Labordeta, de Chunta Aragonesista). Todos lo aceptaron menos Podemos, que ha vuelto a demostrar que está contra la élite política hipócrita y corrupta. Lamentablemente, el PSOE por no despegarse del PP o por temor a ser malinterpretado se prestó también a esta ceremonia de la confusión después de haberse dedicado desde enero a una muy constante denuncia de Rita Barberá. Ya tendrán ocasión de comprobar, cuando fallezca uno de sus propios diputados imputados -que Dios tarde muchos años en sentarlos a su diestra-, cómo el PP nunca apoyará un minuto de silencio rehabilitador como el que han compartido por Rita.

El PP puso de relieve, una vez más, las múltiples facetas de cinismo  y de hipocresía que atesora. Los mismos que habían afirmado tan solo unas días antes que Rita Barberá ya no era miembro del PP, ahora alababan su labor política y su altura personal. Quienes la obligaron a irse al Grupo Mixto del Senado, la homenajeaban con la cara compungida de impostado dolor. Quienes proclamaban el duelo por la pérdida, en realidad respiraban aliviados por haberse quitado un peso de encima.

La muerte (de cualquiera) no rectifica de ningún modo su comportamiento en vida. Al margen de lo que concluyan los tribunales sobre la causa por blanqueo de capitales en la que Barberá tuvo que declarar ante el Supremo, la responsabilidad política de la exalcaldesa es la de quien dirige con mano de hierro durante más de dos décadas un equipo político que prácticamente al completo está ahora imputado por varios delitos. Si a estas alturas diputados, dirigentes y hasta ministros de Justicia no entienden la diferencia entre responsabilidad política y penal es simplemente porque no les interesa. Y si les parece que la difunta Barberá no se enteró absolutamente de nada de lo que ocurría en su entorno más directo (financiación irregular, pagos con dinero negro, comisiones ilegales, despilfarro de recursos públicos…) será porque le guardan escaso respeto a la sagacidad de la difunta o porque prefieren ejercer (demasiado tarde) de abogados defensores.

Indigna también, y mucho, la defensa mediática que su expartido le ha hecho, cuando en un pasado muy reciente  la arrastraron por los suelos: ´Ya no es militante del PP. No tengo ninguna autoridad sobre ella´, lo dijo Rajoy, y sonaba  como si Rita fuese un animal rabioso que había que sacrificar o una pistolera enloquecida que actuaba por su cuenta, sin ningún control. Javier Maroto fue incluso más explícito: ´Rita Barberá no tiene dignidad´. Rita iba de bofetón en bofetón como Julio César de puñalada en puñalada, hasta que Pablo Casado en el papel de Bruto expectoró su asco en forma de logaritmo: ´En política hay que saber cuándo se suma y cuando se resta´. Y cierto. El último favor que Rita le hizo al PP fue morirse en un momento muy oportuno, restarse a cero, para cuadrar la operación aritmética que le exigió Casado.

 Que Rafael Hernando o Celia Villalobos hablen de ´linchamiento´, ´cacería´ o ´condena a muerte´ ya no sorprende  porque llevan años difamando sin pudor e impunemente a quienes se les antoja. Pero que el propio ministro de Justicia, Rafael Catalá, lance el reproche de que ´cada uno tendrá sobre su conciencia las barbaridades que ha dicho sobre Barberá sin prueba alguna´ es muy grave porque está poniendo en solfa las investigaciones judiciales llevadas a cabo por los órganos correspondientes. Declaraciones de esta índole  ¿no pueden considerarse incitación al odio?

Ahora que está difunta y no puede defenderse, su entierro ha resultado todo un éxito. ´He venido como amigo que fui de Rita más de 30 años´ dijo Mariano para explicar que no venía en funciones de presidente sino de amigo incondicional. Lo otro -el desprecio, el silencio, el vacío, los desplantes- no fue nada personal: solo negocios. Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Valencia, terminó de arreglarlo con un sermón de los suyos donde pidió que fuese llevada  ´al juicio de Dios, el único verdadero y justo´. Esperpento funerario a la española.

Rajoy, a pesar de la familia de Rita, acudió al entierro ´como amigo´, y tuvo que oírse esto de un familiar: ´Tanto que ella ha dado por vosotros y cómo la habéis dejado caer. Recaerá sobre tu conciencia´.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PIEL DE ELEFANTE.

Anuncios