@ellibelaresc

Es un hecho comprobable, menos por el PP que dice que no lo ha detectado en la calle, que se impone una nueva Constitución, sin ningún parche a la actual. El tema es muy complejo y no está exento de numerosos cortafuegos. El Partido Popular no ve clima favorable para el consenso y vaticina que, al final, el nuevo texto constitucional no lograría, ni de lejos, el respaldo ciudadano de 1978 y, además, destaparía una clara división del voto por territorios, ´terreno abonado para las reclamaciones de independencia´ y puerta abierta para el ´fin del principio de soberanía nacional´. Siempre con la misma cantinela. Nos hacen tontos, dicen que nos regimos por el instinto a la hora de votar y, consecuentemente, somos inmaduros porque votamos en referéndum lo que ellos no quieren. Visto lo ocurrido en Italia con Renzi, Mariano ha entrado en pánico.

El miedo de los políticos es la desconexión que tienen con la calle. Para retrasar la reforma piden cautela porque si hace 38 años la Carta Magna obtuvo un respaldo en referéndum del 87,78% de los votantes, ahora podría quedar muy por debajo del 50%. Pues que despabilen y redacten una Constitución que sirva los intereses de los ciudadanos y no los de la oligarquía. Para empezar, el PP dice que se pueden negociar cosas pero que hay títulos que están blindados y que son intocables. ¿Es eso lo que piensa el pueblo? ¿Se han preocupado de preguntarnos qué pensamos de la soberanía nacional, de la unidad y de la igualdad entre los españoles y la forma de Estado? ¿Por qué no quieren saber si queremos Monarquía o República, o si queremos un estado aconfesional y laicista real? ¿No se puede retocar el capítulo II del Título primero que recoge los derechos fundamentales y las libertades públicas? Más claro agua, dirá Mario: esos derechos y libertades ya están garantizados en la Ley Mordaza. ¿Por qué está blindado el tema de la organización territorial del Estado? ¿Por qué no sustituir las Autonomías por un Estado Federal justo?

No debería ser ningún problema que, como quiere el PSOE, se incluyan la sanidad y la educación como derechos fundamentales. En el caso del nacionalismo vasco se podría discutir también la revisión del principio que establece la indisoluble unidad de la nación, ´flexibilizando´  el articulado y aceptando que el Estado es ´plurinacional´. La propuesta de Podemos es ilusionante: pretenden no una reforma de la Constitución, sino un proceso constituyente, es decir, redactar una Carta Magna nueva. Su objetivo es desatar una operación de asalto sobre el texto de 1978, que estos momentos no les vale para ´construir el país nuevo´ al que aspiran y que, para empezar, requeriría sustituir la actual forma política de monarquía parlamentaria por la de república, que sería ´laica, federal, sostenible, igualitaria, participativa, solidaria y garante de los derechos y libertades´. Emocionante. Ya podríamos algunos morir en paz.

Pero ya lo hemos dicho: El Gobierno no está dispuesto a permitir que se abra un proceso constituyente. Es decir, frenará cualquier intento de cambiar esta Constitución por otra. No se cierra a pactar con otros partidos el estudio de reformas puntuales, por la vía sencilla prevista en el propio texto constitucional (reforma parcial, con referéndum y sin disolución de las Cortes). Pero en ningún caso se prestará a la reforma ‘total’. Ni siquiera a la ‘parcial’ que, por afectar a la naturaleza del sistema, la forma de Estado, el dogma de la soberanía única e indivisible o el cuadro de derechos y libertades, pasaría por disolver las Cortes.

Está muy claro: PP, PSOE y Ciudadanos están en contra de ´un proceso constituyente´. Se salen por la tangente del consenso y rechazan la demolición que proponen los nacionalistas y Podemos que apuestan por la demolición del texto del 78 y por abrir un ´proceso constituyente´ que alumbre otra ley fundamental en la que se recojan las demandas de la mayoría social: blindar derechos sociales, luchar contra corrupción, asegurar el carácter plurinacional del país, cambiar el sistema electoral, garantizar la independencia de la justicia y debatir sobre la forma del Estado. Yo me apunto. Y me muestro convencido de que la mayoría de los españoles están de acuerdo con ellos, aunque no voten a Podemos.

Tenemos que reformar la Constitución, entre otras cosas para adaptarla a los nuevos tiempos que vive nuestra sociedad, para corresponder a sus anhelos, que son diferentes a los de 1978. Hemos vivido muchísimos cambios en 38 años y debemos revitalizarla. Los humanos cumplimos años, aparecen las ‘goteras’ y tenemos que mejorar hábitos.

En la gacetilla de mañana hablaremos de UNA PRIORIDAD EN LA NUEVA LEGISLATURA.

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