@ellibelaresc

Son todos  iguales, por mucha sangre azul que atesoren. El amor que profesan a España se les tuerce y esfuma cuando algo no ocurre según sus previsiones. Y eso que son ellos los culpables de esa torcedura. ¡Pobre Cristina, la hija del rey emérito, y su marido Urdangarín! Todos contra ellos, todos confabulándose contra la corona. Menos mal que ahí está su madre Sofía, siempre a su lado, y su hermana Elena, tan atenta a sus desgracias. De su padre y hermano mejor no hablar. Y no digamos de su cuñada, ascendida de periodista a ´reina´ y a la que culpa de casi todas sus desgracias y le recrimina su desmedida ambición. ´¿Sabéis lo duro que es tener que pedir permiso para coger un vaso de agua en la que ha sido mi casa toda la vida?´, ha llegado a comentar. Pero así y todo se mantiene en sus trece: de renunciar a los derechos dinásticos, ni hablar. Eso supondría admitir su culpabilidad y dar la razón a quienes han urdido el maquiavélico plan para derribarles. Por eso aguantarán lo que venga sin dar un solo paso atrás, pero también sin atacar públicamente a la institución por el ´respeto´ que sienten por ella. ¡Vaya!, digo yo.

Después de seis meses de juicio Nóos todo ha quedado listo para sentencia, que no debe estar muy clara cuando hemos sabido que se esperaba para diciembre y una de las juezas ha pedido una prórroga, hasta marzo, para que las otras juezas del tribunal revisen la redacción de la sentencia en los puntos que ella estima son demasiado blandos y benevolentes con los juzgados, especialmente Cristina y Urdangarín.

Fuentes  fidedignas confirman que tanto Cristina como Urdangarín siguen repitiendo hasta la saciedad que no han hecho nada malo ni tienen por qué arrepentirse. Y que cuanto más lo piensan, más reafirmados están en su posición. Iñaki, razona la Infanta, se dedicó a prestar asesorías a empresas y a administraciones públicas a través del Instituto Nóos. ´Iñaki hizo su trabajo´, insiste. La Casa Real supervisó todos sus movimientos y los bendijo. Y ella no hizo ´nada que no haga cualquier otro español´, por irregular que fuera. ¿Qué es lo que hizo Cristina que hacemos todos los españoles? Sencillamente: ella y no su marido, de su puño y letra, rubricó un falso contrato por el que simulaba el arrendamiento de su domicilio ante Hacienda para pagar menos impuestos por la vía de generar un gasto ficticio. Y lo hizo porque estaba enamorada y no sabía lo que hacía cuando estampaba su firma.

Últimamente hemos sabido que la coletilla final del juicio fue espectacular. Cristina, antes de abandonar el edificio de la Audiencia de Palma, no pudo contenerse y en un pasillo, después de muchos meses de contención de las emociones, explotó como si descorchara una botella de champán y compartió con el resto de acusados sus verdaderos sentimientos al desahogarse con un: ´Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar este país´ (faltó un ´puto´ antes de país y un ´de mierda´ después, la frase lo pide, no me digáis que no).

¿De verdad que no volverá a pisar este país? ¿Ya sabe que no va a ir a la cárcel? ¿Si la condenan a ir a la cárcel cumplirá la sentencia en Ginebra, en esa casa cuyo alquiler y seguridad pagamos los españoles? ¿Declara el amor sin condiciones que le tiene a la monarquía y no quiere volver a ese país que tiene como jefe de Estado a su hermano-rey? Todo lo que tiene, su trabajo, sus privilegios, su enriquecimiento (antes de pagar sus deudas) lo tiene por ser la hija de  y nosotros haberlo consentido. ¿Y ahora no quiere pisar este país? ¿Cuando se vaya será también sin nuestro dinero, sin sus privilegios? ¿Se irá del todo? Dicen que se va, cuando enchironen a su marido, a Portugal, que es más barato. Como decía un tuitero: ´A la Infanta Cristina solo le deseamos que le vaya bonito y que deje aquí todo lo que no sea suyo´. Termino: ¿y si la familia Borbón enterita decidiera seguirla?  A enemigo que huye, puente de plata.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ¡QUÉ SABRÁS TÚ DE ESTE PAÍS!

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