@ellibelaresc

No, nuestras leyes, en algunas parcelas, no son las mismas para todos los españoles, a pesar de lo contrario que en su momento dijo el Borbón emérito. Nos fijaremos hoy en que el Código Penal no trata por igual los sentimientos de las personas. No es justo que el sentimiento de aconfesionalidad no tenga un reconocimiento jurídico y, como tal, sea garantizado y defendido por el Código Penal como lo está el confesional.

Pocos o nadie pondrán en duda que el sentimiento religioso existe en muchísimas personas. Se respeta y punto. Pero el Estado, por medio de sus leyes, da un paso adelante y considera que herir, ofender, escarnecer, humillar, ultrajar, afrentar, vejar y zaherir estos sentimientos puede resultar muy gravoso para quien no los respete. Así lo contemplan las sentencias de jueces bien adiestrados en el espíritu y la letra de un nacionalcatolicismo que aún pervive.

Si la experiencia de este sentimiento religioso innato y universal en el individuo existe ¿por qué el Código Penal no contempla también la existencia de su contrario, el sentimiento antirreligioso o de irreligiosidad?   Porque este sentimiento aconfesional no es sinónimo de irreligiosidad, ni de antirreligiosidad. Es un sentimiento no excluyente ni exclusivo, que cultivan creyentes, ateos, agnósticos y deístas; en definitiva, laicos de cualquier condición. Si alguien se puede sentir ofendido religiosamente hablando, lo mismo sucede en quien vive el sentimiento aconfesional. También se le puede ofender y humillar, escarnecer y vejar. ¿Si es así por qué no lo contempla el Código Penal? Lo normal sería que se tratase con la misma consideración que se tiene hacia los demás sentimientos, sean religiosos o no. Ni por encima, ni por debajo. El mismo trato y consideración.

Dicen los de los sentimientos religiosos que sus sentimientos son intocables y forman parte de su identidad. ¿Y los míos no forman parte de la mía? ¿Por qué no se ponen en el lugar de quienes viven ese sentimiento aconfesional y muestran su respeto al pluralismo confesional y no confesional?

El artículo 524 castiga con la pena de prisión de seis meses a un año ´al que, en templo, lugar destinado al culto o en ceremonias religiosas, ejecutare actos de profanación en ofensa de los sentimientos religiosos legalmente tutelados´. ¡Legalmente tutelados! Casi nada. Y la aconfesionalidad que está recogida por la Constitución ni siquiera tiene un artículo en el Código Penal que lo defienda de un mínimo atropello.

En el artículo 525, cometen delito de escarnio, castigado con pena de multa de ocho a doce meses, ´los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesen o practican´. Toda esta parafernalia intimidatoria, ¿acaso es congruente no solo con la libertad de expresión, sino con el Estado aconfesional que establece la Constitución? ¿No vejan el sentimiento aconfesional de muchos ciudadanos los ministros del PP cuando juran ante un crucifijo o una Biblia? Nadie que presuma de ser justo aceptará que, dados los tiempos de equidad jurídica en que se pretende vivir actualmente, se dé tal agravio comparativo. El tratamiento que se da al tema es, resueltamente, discriminación. El respeto a la pluralidad ciudadana en materia confesional y no confesional es tanto o más respetable que el sentimiento religioso. No se entiende que se castiguen las supuestas ofensas contra este, mientras que los permanentes agravios al sentimiento de aconfesionalidad no reciban ni la más mínima señal coercitiva por parte de los poderes públicos.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ¡CHAPEAU, LETIZIA!

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