@ellibelaresc

Nunca digas de esta agua no beberé. Así me ha llamado la atención la noticia que leo en varios medios: ´Letizia se niega a viajar a Arabia Saudí y el rey irá solo´. Lo tengo que decir: ¡Me quito el sombrero! Esta vez estoy con la periodista.

Este viaje de cortesía que inicia este fin de semana el Borbón, que se había pospuesto anteriormente en dos ocasiones por el asunto del bloqueo político y la interinidad del Gobierno, tiene dos objetivos: dar el pésame a la familia real saudí por el fallecimiento del Príncipe Turki bin Abdulaziz Al Saud, hermano del rey Salman y hacer negocios: la venta de cinco buques de guerra y la negociación de los flecos finales de la construcción del AVE La Meca-Medina. Y también, y como secundario, Felipe tiene que negociar la compra del petróleo, que tanta falta nos hace. Por supuesto que no nos contarán que de esos negocios siempre sale beneficiada la corona española, desde hace 41 años.

Las razones de Letizia para no acompañar a su marido parecen obvias. La periodista presume de que nunca visitaría un país que tiene un embajador en Estados Unidos, también de la familia Al-Saud reinante, que, preguntado si los aviones de Arabia continuarán bombardeando Yemen y matando a cientos de niños inocentes, responde: eso es como obligarme a decir que jamás pegaré a mi mujer; un país donde las mujeres tienen prohibido conducir; en el que las casadas no pueden viajar solas y son acompañadas por un cuidador, el mahren, siempre de la familia del marido; un país en el que solo hace unos días una mujer ha sido violada por siete hombres y como, de acuerdo con la ley saudí, un miembro masculino de la familia tiene que acompañar a una mujer a todas horas en público, la víctima fue sentenciada a 90 latigazos por no cumplir esta ley. Pero esto no era suficiente. Las autoridades de Arabia Saudí decidieron más tarde endurecer severamente la pena de la víctima, pasando a seis meses de cárcel y de 90 a 200 latigazos. Según los tribunales, el motivo se encuentra en que la víctima relató en medios de comunicación la violación sufrida; un país donde el bloguero saudí Raif Badawi está condenado a diez años de prisión y a 1000 latigazos –que se le propinarán a plazos, a razón de 50 en cada sesión, se supone que hasta acabar con su vida- por ´insultar al islam´ desde su página web (¿Pedirá clemencia nuestro amado rey y su caritativa esposa la libertad de Badawi y la mujer violada? Lo dudo); un país donde 350 personas han sido ejecutadas en los últimos años, por decapitación en su mayoría, en algún caso por oponerse pacíficamente a la familia reinante; un país que subvenciona miles de mezquitas por todo el mundo -en España, también- promoviendo el wahabismo, corriente religiosa musulmana radical; un país en el que las divorciadas no pueden entrar por ser consideradas adúlteras; donde las extranjeras, al entrar, son provistas de una indumentaria para vestir de manera ´decorosa´; un país en el que las presentadoras de televisión, según una norma reciente, han de vestir una abaya (túnica) y un pañuelo negro porque, según ha dispuesto la Asamblea Consultiva de Arabia Saudí, las periodistas no pueden mostrar su belleza… Latigazos, mutilaciones, asesinatos, encarcelamientos interminables en condiciones miserables, se menudean en esa satrapía de la que nuestra corona es tan amiga. ¿Qué importa que Arabia Saudí sea uno de los Estados más crueles y fundamentalistas del planeta? ¿A quién le preocupa que haga la guerra en Yemen? O que sea el promotor ideológico y financiero de la ideología salafista que está detrás de Al Qaeda y Daesh.

Parece que Letizia es muy suya y sin respetar protocolos tiene cada día más claro que ella es reina consorte y que su agenda y la de su marido Felipe no tienen por qué ser la misma. Alabo su actitud y los motivos esgrimidos para no ir al viaje, y espero que su negativa sea por las razones expuestas y también un acto de protesta diplomática por el trato que en este país dan a las divorciadas.

Y termino con una reflexión: nuestro democrático Borbón va de visita a un país con un régimen infame y cruel. En él recibirá honores de Estado, y personalmente sellará con un fuerte y sentido abrazo la eterna y fraternal amistad entre las dos monarquías. El gesto lo debemos interpretar como lo que significa: no se nos debe olvidar que en la escala de valores de nuestra monarquía primero es la bolsa y después la vida.

En la gacetilla de mañana hablaremos de HASTA LAS OCAS LE HUYEN, Y NO LES FALTA RAZÓN.

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