@ellibelaresc

Cuando escribo este breve apunte el invierno se hace sentir. Hace un frío que pela, y sin proponérmelo pienso en los miles de refugiados que se las están pasando negras en los campos de acogida soportando un frío que llega a veces a treinta grados bajo cero y en las personas sin hogar, personas en situación de pobreza extrema. Ver por televisión las imágenes de los campos de refugiados en medio de ventiscas de nieve, con niños pequeños inmersos en una precariedad inimaginable te retuerce la conciencia. En España miles de personas viven y duermen en la calle. ¿Cuántos habrán muerto por estos fríos?

¿Qué remedios se han aplicado? En Valencia, por poner un ejemplo, las autoridades municipales han repartido mantas y las autonómicas han dejado abiertas algunas estaciones de metro para que la gente que duerme en la calle pueda protegerse de los rigores invernales. Sin embargo, la Iglesia católica, que es la mayor propietaria de inmuebles en España después del Estado, no abre (salvo algún caso puntual) ninguna puerta de sus muchos miles de iglesias, ermitas y monasterios para que las personas sin hogar no mueran de frío. Todo ello, por descontado, financiado con dinero público. Pero siguen hablando falsamente de amor al prójimo. Nos estremece percibir tanto desprecio por la vida, tanto menosprecio por las personas desvalidas y desesperadas. Cerramos los ojos, como si no existieran. Y los que dicen dedicarse al ´auxilio espiritual´ de la gente miran para otro lado. Nos entristece tanta insensibilidad, tanta frialdad, tanta indiferencia ante el sufrimiento ajeno. ¿Dónde quedaron los Derechos Humanos? ¿Y las proclamas del Evangelio?

De una vez por todas debería quedar claro que la obra social  es competencia del Estado y no debe depender de ninguna organización religiosa, porque así vamos como vamos. Debe ser competencia del Estado. Habría que habilitar los albergues suficientes, con personal cualificado, no con curas ni monjas, sino con profesionales de la sanidad y de la asistencia social. Ese es, realmente, el problema de fondo. No queremos que manipulen nuestras conciencias, ni queremos caridad, esa falsa filantropía que justifica y perpetúa las desigualdades sociales y la captación de fondos en teoría destinados al bien de todos; queremos solidaridad. Solidaridad real. Porque es bochornoso, vergonzoso y cruel que se permita la muerte de seres humanos por frío y por desamparo y miseria, mientras esas puertas, que a veces se abren de par en par para hacer misas franquistas, se cierren ante el sufrimiento y la desesperación de tantas miles de vidas indefensas.

En la gacetilla de mañana hablaremos de HAZTE OÍR.

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