@ellibelaresc

Desde que PP y PSOE elevaron a la categoría de rey y jefe de Estado a Felipe de Borbón he seguido sus declaraciones más solemnes, en concreto los discursos de Navidad y los de la Pascua militar, y entresacado conclusiones de que últimamente se le aprecian pánicos que en discursos anteriores no estaban.

Empezaremos con el tema de Cataluña. Se percibe en sus estudiadas poses de tranquilidad una evidente intranquilidad: siente que lo que empieza a flotar en el ambiente es Tercera República o monarquía sin Cataluña, porque es una hecho palpable que hay muchos más catalanes que quieren república que los que quieren monarquía, y eso le pone en la tesitura sobre qué es más importante, si la estabilidad de nuestras fronteras o la de su puesto de trabajo.

Otro tema que le quita el sueño y lo llena de miedos es la corrupción de su familia, la espera inminente de una sentencia sobre su hermana y su cuñado y sus amistades peligrosas. Su vida es un sin vivir. Es bien cierto (esta vez no hablamos de su papá) que tener una hermana y un cuñado corruptos puede ser una desgracia caída del cielo pero, ¿y lo de los amigos personales, libremente elegidos pero casualmente con tarjetas ´black´ para vaciar el cajero de todos sin pensar en las consecuencias? ¿Y lo de que todo el mundo se entere de tus confidencias con amigos como ese? ¿Y lo de tener que romper en público esa amistad?

Pánico tiene Felipe también a que se remuevan las víctimas del franquismo. Felipe es rey por ser hijo de otro rey, y que este rey fue nombrado por el mayor criminal de la historia de España, por lo que sin esa maldición original él solo sería un español cualquiera, solo con sus miedos íntimos. Pero no, él quiere ser rey y por eso nos pide olvidar el pasado porque se sabe deudor, o cómplice por continuarlo. Por eso, la Asociación de la Memoria Histórica lo ha denunciado ante el Defensor del Pueblo por intentar enterrar la memoria junto a las fosas donde aún siguen, tirados de cualquier manera, los muertos que mandó asesinar el que después repuso la monarquía. Se le pide a Felipe que retire lo dicho. Es muy fácil: ´Me he equivocado. Lo siento. No volverá a suceder´.

Él y su esposa también están entrando en pánico porque saben o intuyen que cada vez menos españoles interrumpen lo que están haciendo para escucharle. Millones de ciudadanos están lo suficientemente asqueados con el sistema que él encarna como para perder su tiempo viéndole en la tele. Sabe que millones no le quieren, y que otros cuantos solo le soportan. También sabe que forma parte de una especie en extinción y cumpliendo un papel político innecesario y, por tanto, perfectamente prescindible.

Finalmente diremos que Felipe sufre también un pánico coyuntural muy intenso. Sabe que España vive una época de transición, y que las transiciones pueden llevarse por delante a cualquiera, especialmente a cualquiera que sea rey en el siglo XXI. Tras cuarenta años de dictadura y otros cuarenta de monarquía corrupta, nadie sabe si el péndulo de la historia quiere pararse ahora en una época de libertad republicana. Pero lo que sí sabe todo el mundo es que, si se tiene que parar allí, se parará, caiga quien caiga. No merecerá la pena resistirse.

Vistas estas debilidades del jefe-rey impuesto del Estado ¿qué sería lo deseable que hiciera si tanto dice (su hermana la ginebrina no) amar a España? Fácil. Que abdique para siempre, dé ejemplo de sacrificio, monte una gran crisis institucional pero tranquila, que solo convocará a los políticos, pero a todos, independentistas o no, y les obligará a reconstruir un entramado que no se sostiene. Que abandone, diga que se acabó y cierre para siempre la herida que el origen de su condición significa en España. La sociedad española, la más traumatizada de Europa occidental, la que más daño se ha hecho a sí misma en los dos últimos siglos, no es capaz de hacerlo, pero necesita que se lleve a término. Usted, Felipe de Borbón, es el único que puede. Pero no lo hará, se vive muy bien en palacio a costa de los sufridos españoles.

En la gacetilla de mañana hablaremos de REVISTA SATÍRICA LA TRACA.

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