@ellibelaresc

Hace 417 años, tal día como hoy, Giordano Bruno escuchaba su sentencia de muerte, dictada por el Santo Oficio. Según parece, acto seguido se volvió a los jueces que lo mandaban a la hoguera y les dijo: ´Tal vez tenéis más miedo vosotros al emitir vuestra sentencia que yo al recibirla´.

¿Por qué este dominico italiano fue repudiado, perseguido y condenado hasta la muerte por algunas de las corrientes religiosas vigentes? Para  algunos, Giordano propició una revolución en el campo científico. Rechazaba, como Copérnico, que la Tierra fuera el centro del cosmos; no solo eso, llegó a sostener que vivimos en un universo infinito repleto de mundos donde seres semejantes a nosotros podrían rendir culto a su propio Dios; tenía también una concepción materialista de la realidad, según la cual todos los objetos se componen de átomos que se mueven por impulsos: no había diferencia, pues, entre materia y espíritu, de modo que la transmutación del pan en carne y el vino en sangre en la Eucaristía católica era, a sus ojos, una falsedad.

Para otros fue un gran mago que confeccionó un tratado para conseguir el poder de los demonios, y para unos terceros tuvo la osadía de cuestionar la virginidad de la virgen María y el carácter divino de Cristo. Ciencia, magia y libertad de pensamiento es una mezcolanza sugestiva e inquietante a la que Giordano añadió unos ingredientes explosivos que activaron la espoleta de la susceptibilidad en los poderes de la época.

Como Bruno no dudaba en mantener acaloradas discusiones con sus compañeros de orden sobre estos temas sucedió lo que cabía esperar: en 1575 fue acusado de herejía ante el inquisidor local y decidió huir de Nápoles. En cuatro años Giordano Bruno pasó por la práctica totalidad de las ciudades culturales de Europa convertido en un fugitivo de la Inquisición y, por el contrario, admirado en muchos círculos de poder y de intelectualidad. Hallándose en Fráncfort, Bruno recibió una carta de un noble veneciano, Giovanni Mocenigo, quien mostraba un gran interés por sus obras y le invitaba a trasladarse a Venecia para enseñarle sus conocimientos a cambio de grandes recompensas. Sus amigos advirtieron a Bruno de los riesgos de volver a Italia, pero el filósofo aceptó la oferta y se trasladó a Venecia a finales de 1591. En mayo de 1592 el filósofo decidió volver a Fráncfort para supervisar la impresión de sus obras. Mocenigo insistió en que se quedara y, tras una larga discusión, Bruno accedió a posponer su viaje hasta el día siguiente. Fueron sus últimos momentos en libertad. El 23 de mayo, al amanecer, fue detenido por la Inquisición veneciana.

El 26 de mayo dio comienzo el juicio. Intentó presentar su postura ante el tribunal. Sin éxito. Tenía algo a favor: que los venecianos tenían una inquisición bastante suave. En febrero de 1593 fue puesto en manos de la Inquisición Romana. Si había tenido alguna posibilidad de librarse de la hoguera, esta acababa de esfumarse porque se negó a retractarse ante sus inquisidores. Fue declarado hereje y se ordenó que sus libros fueran quemados en la plaza de San Pedro e incluirlos en el Índice de Libros Prohibidos. Al mismo tiempo, la Inquisición transfirió el reo al tribunal secular de Roma para que castigara su delito de herejía ´sin derramamiento de sangre´. Esto significaba que debía ser quemado vivo.

Bruno fue quemado vivo el 17 de febrero del mismo año. Tuvo ´la suerte´ de que el encargado de llevar el proceso de acusación que juzgó y condenó por herejía a Giordano Bruno fue el jesuita e inquisidor Roberto Belarmino, autor De arte bene moriendi (El arte de morir bien). Este inquisidor no solo fue quien dirigió el proceso que condenó a Giordano Bruno a ser quemado vivo, sino que unos años después también dirigió otro similar contra Galileo Galilei (quien corrió mejor suerte, siendo solamente condenado a prisión perpetua). Belarmino fue canonizado por el papa Pío XI en 1930, y en 1931 fue nombrado ´Doctor de la Iglesia´. Para rendirle aún más honores, en 1969 el papa Pablo VI creó el título cardenalicio ´San Roberto Belarmino´. El 21 de febrero de 2001 dicho título fue otorgado al Arzobispo de Buenos Aires: Jorge Mario Bergoglio, el actual papa Francisco (quien luego designó para el mismo título al actual Arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli).

En la gacetilla de mañana hablaremos de RAJOY ECHA DE MENOS A RITA.

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