@ellibelaresc

Parece que todos, bueno, la mayoría, tienen el mismo ADN: en cuanto se presenta la ocasión echan mano para sacar beneficio. Unos lo hacen invocando los Evangelios, otros a tal santo o santa y  los más al principio inexcusable de la caridad y el bien común de la iglesia. Sí, a la hora de llenarse los bolsillos tenemos a los mismos protagonistas, obispos, sacerdotes, hermanos legos, monjas que no tienen ningún pudor. Lo que convenga para el bien de la iglesia.

El caso que nos ocupa hoy tiene que ver con el pueblo de Mazarrón (Murcia). Sus habitantes están que trinan con las monjas del pueblo porque han convertido en un negocio el asilo donado para los necesitados. “El destino de la finca donada será el de Hospital-Asilo para pobres, ancianos y necesitados”. Así reza la segunda cláusula de la escritura de donación que el Obispado de Cartagena otorgó a la Congregación de Franciscanas de la Purísima, en 1982, de lo que era conocido como el Asilo de Mazarrón, y que no se está cumpliendo, sostienen los vecinos.

Con el paso de los años el asilo pasó a convertirse en Hospital Asilo y fueron numerosas las peticiones de ayuda para su sostenimiento que encontraron eco en vecinos de dentro y fuera de Mazarrón. Muchos de estos vecinos rememoran aún las tómbolas y campañas que organizaron y aún guardan recibos de las limosnas realizadas. Todo este esfuerzo permitió que se mejoraran las instalaciones para que el edificio pudiera seguir asistiendo a ancianos de pocos recursos. Siempre ocurre igual. Se recurre a la bondad de la gente y luego vienen las traiciones a los ideales por el simple interés.

El Hospital Asilo ya remozado empezó su actividad, y bien pronto los vecinos de Mazarrón tomaron conciencia de que su asilo, ahora residencia de ancianos, se había convertido en una institución privada con una actividad comercial cada vez más exigente a la hora de admitir el ingreso de ancianos. Ancianos, sí, pero pobres y necesitados en ningún caso. Lo que comenzó a preocupar a los vecinos no fue solo la no admisión de algunos candidatos, que tuvieron que buscar opciones de ingreso en residencias de otros municipios, sino también las denuncias sobre el trato despectivo a algunos ancianos y el enfrentamiento a familiares que exigían mejores cuidados y más transparencia en la gestión económica.

Estos no trabajan de balde, las palabras caridad, amor a dios y al prójimo no las conocen en su auténtico sentido. El asilo se ha convertido en un negocio muy rentable para estas monjas franciscanas. El Ayuntamiento de Mazarrón se hace cargo de los gastos de luz, agua y teléfono (pero los ancianos deben pagar el servicio telefónico de requerirlo) y entre las exigencias detalladas en los formularios de solicitud de ingreso se incluye la del testamento del solicitante. La congregación también recibe ayudas de Cruz Roja y el Banco de Alimentos. Negocio redondo.

El pueblo reclama al obispado. La callada por respuesta. Es lo normal, pues saca tajada con el negocio. La congregación franciscana que gestiona la residencia pasa de los vecinos cuando estos les  solicitan que el asilo recupere la actividad caritativa. Los vecinos reclaman que lo que construyeron entre todos no sea una residencia privada más de alto nivel. Lo tienen claro. Pero si quisieran, o pudieran sobreponerse a los mitos y leyendas de estos sectarios, tienen una solución: cerrarles el grifo a todos los niveles, sobre todo el económico. Bien pronto abandonarían los ritos, pues la mayoría no actúa si no hay ´porvenir´ por medio. Una vergüenza más, que poco a poco se irá enfriando y ´ellos´ seguirán con sus negocios y explotando la buena voluntad y generosidad de mucha gente que sí se cree eso de la caridad y de ayudar al que lo ´ha de menester´.

Estas franciscanas de la Purísima tienen muy claras las que supongo constituciones de la orden. Comenzaron su andadura, en el caso Mazarrón, al servicio de los necesitados pero con los años, y por arte de ´birlibirloque´ divino, han visto cómo su patrimonio ha ido en aumento: cuentan con viviendas y casas de veraneo a lo largo y ancho de la geografía peninsular, propiedades conseguidas muchas veces a través de donaciones testamentarias. En el arte de ´desplumar´ a los mayores en el nombre de dios son magistrales. Lo que empezó siendo un proyecto de caridad, ha terminado convirtiéndose en un negocio muy lucrativo realizado en nombre de dios y de su santa iglesia.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL RAP DE RAJOY.

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