@ellibelaresc

Tengo que confesar que me está apeteciendo mucho escribir sobre la sentencia del caso Nóos, del condenado y de la absuelta en igualdad de condiciones, de aquellos españoles que delinquen  y  son ´injustamente´ juzgados y ´perdonados´. El fallo del caso Nóos convierte en jurisprudencia a la mujer florero, la señora de y la esposa de, y nos tememos que lo hace porque ella es la hija de y la hermana de. Me pregunto si la sentencia, cuando sea firme, sentará jurisprudencia, y todos los españoles justiciables podrán alegar como ´fundamento de derecho´ la ignorancia de las fechorías del/la consorte. Cristina no sabía nada de los delitos de su marido aunque es culpable de haberse beneficiado de ellos. Es decir, que es responsable de gastarse el dinero pero una irresponsable en cuanto a cómo conseguirlo. La sentencia de Palma ha establecido como axioma que la mujer de un delincuente no se entera de lo que hace el delincuente de su marido aprovechándose de que ella es hija del Soberano. No se entera por definición, aunque utilice la misma Visa de ONG para pagar cursos de salsa, para abonar la fiesta del cumpleaños del hijo o tenga a las empleadas del hogar, en modo compatible, como asesoras de ´consulting´.

Es una pena que tres juezas, tres mujeres, hayan aceptado la vieja idea de la mujer ingenua, ignorante e inocente que no se entera de los complejos negocios de su esposo porque eso es cosa de hombres y en casa no se habla de esos temas, solo de la educación de los niños. ¿Es tonta esta mujer? ¿Tanto que desconocía a qué se dedicaba una sociedad de la que era copropietaria y de la que salía el dinero con el que pagaba gastos y reformas palaciegas? Si nos atenemos a lo que obsesivamente nos ha machacado la prensa dócil de este país parece que no, porque esta mujer, nos han dicho,  ha recibido, como su hermano el ´preparao´, la mejor formación y desempeña trabajos cualificados por los que gana un pico, así que la sentencia viene a decir que la señora de Urdangarin es como la esposa del mafioso que no tiene un pelo de tonta y, justo por eso, para no meterse en problemas, no pregunta a su ´maridito´ sobre el origen del dinero. Ella sólo se lo gasta y echa un autógrafo en los contratos.

El manejo y presión que este gobierno, y el anterior, hacen de los estamentos del Estado roza la desvergüenza y la inmoralidad. Por eso nos resistimos a que el Gobierno y sus jueces nos consideren ingenuos o idiotas. Pensamos que en este tema, como en el caso del ya exfiscal de Murcia, el PP está imitando sutilmente los métodos de Pablo Escobar, que cuando le estorbaba un juez, lo cambiaba por otro -o le alquilaba una parcela en el cementerio- y cuando las pruebas formaban ya una montaña irrefutable de condena, hacía una pila con ellas y las quemaba en el Palacio de Justicia con ayuda de unos colaboradores. PP o plomo. Que sepan que hemos visto al fiscal  Horrach haciendo de abogado defensor, a la Hacienda española haciéndose la sueca con el tema y a Rajoy declarando, convencido, de que a Cristina le iba a salir todo bien. Y así ha sido. Pero somos muchos los que opinamos que la exculpación de la señora de Urdangarin relega a la mujer al papel de jarrón decorativo y la devuelve a los tiempos en los que tenía que pedir permiso a su marido como si fuera su dueño. ¿Pero qué más le da a ella? Se han salido de rositas y con la frente muy alta.

Una nueva perspectiva del tema nos viene a colación: los juristas ven grandes diferencias entre ´mujer florero´ y ´síndrome de la esposa idiota´. La infanta Cristina se movería entre ambas figuras. La esposa florero sabe perfectamente el espantoso delito que se está cometiendo pero no puede hacer nada porque es un florero lleno de agua y flores y, por lo tanto, no puede hablar, chillar, hacer aspavientos o enviar un simple ´whatsapp´. El síndrome de la esposa idiota consiste, sin embargo, en un estado de ´semiestupidez´ permanente en que la consorte también lo ve todo pero no entiende absolutamente nada. La esposa idiota no solo ve pasar los billetes robados por delante de su cara sino que los atrapa y los gasta para reformar palacetes o viajar a destinos maravillosos, pues no padece en absoluto la parálisis propia de la mujer florero.

La posibilidad de que la infanta Cristina pudiera ser una mujer florero afectada por el síndrome de la esposa idiota es poco probable, según afirman todos los expertos, pues un florero imbécil no podría sacarse cada mes 600.000 euros trabajando en Ginebra para la fundación La Caixa, como coordinadora de programas de la ONU y al mismo tiempo desempeñar otro cargo en Lisboa como asesora en asuntos filantrópicos para el Aga Khan.

Así pues, y para terminar: ¿cómo va a quedar la jurisprudencia con esta sentencia? Me la veo venir: todas estas parejas de los que están en trámites judiciales por robar, podrán alegar ignorancia y se les absolverá por tontos/as. Normal. Pero la sentencia puede que para el resto de españoles tenga una vertiente positiva: ¡Qué ganas tengo de que acabe todo esto para perder de vista este país!, declaró la señora de Urdangarín  en un intervalo del juicio. Pues a los hechos no remitiremos: que desaparezca, y con ello cerrarle el grifo de la millonada que nos cuestan su seguridad y sus privilegios. ¡Qué vileza! ¿Por qué no decía lo mismo cuando navegaba en la gloria? Por lo que se ve el amor a España de esta gente solo se da cuando la exprimen, y no cuando las cosas se tuercen. Mala cosa, Cristina.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL AUTOBÚS DE HAZTE OÍR.

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