@ellibelaresc

En los últimos días el autobús de Hazte Oír y el Carnaval de Las Palmas nos han dado motivos suficientes para escribir unas cuantas gacetillas. Enfriado un poco el tema nos quedan unas preguntas claves que quiero comentar hoy: ¿Se ha respetado la libertad de expresión? ¿Cuáles son los límites de esta libertad? ¿Vale todo? ¿Es correcta la actuación de la Fiscalía de inmovilizar el autobús? ¿Con esta actitud no se le ha hecho la propaganda que la secta esperaba conseguir con la provocación? Nunca antes habían logrado tanta repercusión con ninguno de sus repugnantes mensajes.

El autobús de Hazte Oir no debería haber circulado, de la misma manera que se debe vetar cualquier publicidad engañosa o determinados mensajes en televisión durante el horario infantil. Hay que vetar ese autobús, pero también creo que esta campaña odiosa y reaccionaria no debería ser penada como un delito ni perseguida por la Fiscalía. ¿Pero es que las barbaridades que pregona no son libertad de expresión? ¿No es un sinsentido que tus opiniones te puedan llevar a la cárcel? La libertad de expresión se pone a prueba cuando lo que escuchas te disgusta.

Lo cierto es que, como opina el músico César Strawberry, absuelto de un delito de enaltecimiento del terrorismo y humillación a las víctimas, ´ todo lo que sea reprimir la libertad de expresión me parece un atentado contra los derechos fundamentales de las personas. Hay que aprender a leer y escuchar cosas con las que no estamos de acuerdo. No estoy de acuerdo con que la policía inmovilice un autobús por un cartel´.

César opina que en el caso del autobús si quieres contrarrestar su mensaje, su opinión, lo mejor que puedes hacer es poner otro autobús. En la misma línea está Ignacio González, de Jueces para la Democracia, que asegura rechazar los argumentos de Hazte Oír pero defiende su derecho a difundir sus ideas. La Fiscalía, sin embargo, argumenta que su presencia en las calles supone ´la creación de un sentimiento de inseguridad y temor entre los ciudadanos por razón de su identidad´.

Pero ¿es la libertad de expresión una carta blanca para atentar contra la dignidad de las personas, esparcir odio, desinformación, estigmas, humillación y sufrimiento, que es lo que hacen estos de Hazte Oír? ¿Alguien en su sano juicio dejaría circular un autobús diciendo ´Los negros no son personas. La esclavitud es válida. Que no te engañen´ o ´El islam es terrorismo. Alá ama las bombas. Que no te engañen?´ Es simplemente inadmisible que esta gentuza esparza su mensaje de odio e intolerancia. Cierto. ¿Pero tienen derecho a esparcir su odio?

Los expertos no ven delito de odio en el autobús de Hazte Oír aunque el mensaje sea ´denigrante´. Y ciertos constitucionalistas explican que para que un mensaje sea considerado un delito de odio tiene que existir ´una humillación, una amenaza o una provocación que genere un peligro cierto de que se van a cometer actos violentos´. De ser así ¿por qué la Fiscalía estudia si hay delito en la virgen drag del carnaval Las Palmas? Claro, la iglesia  y ciertas corrientes muy poderosas están en el meollo de la cuestión.

Pienso, como muchos, que censurar la opinión no es una solución, es un serio problema. Pocos colectivos me resultan tan deprimentes como los del fanatismo religioso. El éxito de estos grupos dice mucho de nuestro fracaso como sociedad. A muchos niveles, no solo económicos y culturales. Pero más me deprime una administración que prohíbe opinar a golpe de ‘justicia’. Mucho más. Nunca prohibir ha resultado ser mejor idea que debatir y razonar. ¿Que un colectivo quiere dar rienda suelta a sus complejos y hacer propaganda sobre que los niños tienen pene y las niñas vulva? Pues que lo hagan y se oxigenen. Si apoyamos que se evite por decreto, además de darles la publicidad que buscan, estamos fomentando mártires y dando pie a que vean reforzadas sus obsesiones. Y quizá mañana con el mismo argumento tengamos que aceptar que se prohíba la opinión contraria, por más que sea sensata y justa, porque ‘la ley es igual para todos’. La libertad de expresión es para todos. No podemos criticar los ataques a la libertad de expresión que suponen los juicios por chistes o tuits, o que se condene por exaltación del terrorismo hablar del atentado contra Canalejas, y luego pedir que se amordace a los que sostienen planteamientos contarios a los nuestros por muy absurdos que sean. Ya está bien de que en este país todo el mundo pretenda meter en la cárcel al prójimo por delitos de opinión. Contra los fanáticos de HazteOír o los Roucovarelas lo que procede es evitar que puedan adoctrinar a los niños en las escuelas con sus supercherías religiosas y que reciban subvenciones públicas.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ESTRATEGIA VATICANA.

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