@ellibelaresc

Es tanta la basura que arrastramos con los Blesa, Rato, Ana Mato, Cristina y Urdangarín, Púnica, Taula, Gürtel, y así un centenar más de causas mafiosas y corruptas, que uno, no sé si bien o mal, llega a convencerse de que esa pena que estos individuos  se han ganado por ley de ir a la cárcel, y que no se cumple, y esa imperiosa necesidad de que, al menos, devuelvan lo robado, que es mucho, y no precisamente una bicicleta o una gallina, se convierten en insignificantes cuando llegamos a la conclusión de que, cierto, son unos sinvergüenzas y su auténtica catadura moral no tiene nombre porque han perdido la dignidad.

Su desprestigio los sitúa en lo que realmente son: unos delincuentes.  Hombres como los mencionados, que estaban en el pedestal de la fama, del mundo de los bancos, de las tesorerías, de la política y de la monarquía se han visto degradados por falta de dignidad, esa gravedad y decoro que debe acompañar al hombre en su manera de comportarse y que más ennoblece al ser humano porque ´La dignidad es la cualidad que hace a un ser merecedor de tener derechos. Los seres humanos pueden ser titulares de derechos porque tienen dignidad, podría ser considerada como el derecho a tener derechos que todo ser humano posee´. (Estévez Araujo).

Estos encausados ¿qué pensarán de ellos mismos? ¿Qué conciencia tendrán de lo que han robado? ¿Serán capaces de mirarse al espejo? Preguntas tal vez retóricas porque, pienso yo, cuando se llega a estos niveles de miseria humana la indignidad debe ser ya un compañero de viaje que apenas debe molestar, inseparable.

Al final, como conclusión de todas las reflexiones anteriores, creo que, siendo pragmáticos, de  lo que los españoles nos debemos preocupar es de todos los atropellos y desmanes que nuestros gobernantes están llevando a cabo contra la mayoría de la sociedad española: precariedad, desigualdad, ataque a nuestro frágil  Estado de bienestar, debilitación extrema de la democracia, etc. Esto es lo realmente importante y que lamentablemente olvidamos mientras hablamos, porque así les conviene a esa clase corrupta que nos gobierna para desviar la atención del auténtico problema, de los Blesa, Rato, Urdangarín y señora, Mato, etc. Debemos estar despiertos y no caer en la trampa que tanto les conviene.

Pienso en la indignidad de los corruptos anteriormente mencionados y saco otra conclusión: que hay que reconocer que el tema nos produce a muchos españoles una rabia infinita y una profunda tristeza. Es triste percibir que se puede enjuiciar a dos ancianos por apropiarse de una lata de anchoas para atenuar su hambre mientras que, a la vez, unos ´ladrones de mucho guante blanco´ se apropian de muchísimo dinero público de un país asolado y expoliado y aquí miel sobre hojuelas. Es triste, pero sobre todo es enormemente inmoral y profundamente vergonzoso. Es triste darse cuenta de que, en España la justicia es como las serpientes, solo muerde a los descalzos. Es vergonzoso y vergonzante que, con tanto descaro, se nos hagan evidentes las ideas que proclaman la ´superioridad´ de los unos frente al resto, ideas que constituyen el armazón ideológico de la institución monárquica, absurda, medieval y obsoleta, propia de una sociedad ignorante y sumisa y radicalmente opuesta a los principios de igualdad, fraternidad y solidaridad que subyacen en cualquier sociedad realmente democrática. La monarquía sigue siendo una fuente importante de abuso y de desigualdad. Y no cabe duda de que, como decía Clara Campoamor: ´República siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos´. Salud.

En la gacetilla de mañana hablaremos de PEDRO SÁNCHEZ ASUSTA.

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