@ellibelaresc

Se puede intuir quién ha dado la orden: hay que marear la perdiz y atacar y hundir a Podemos. Y ahí está la polémica. Se ha construido el bulo de que Podemos está en contra de la libertad de información. Y se alimenta cada día. La presidenta de la Asociación de la Prensa, Victoria Prego, ha puesto mucho de su parte para dar fuerza a esa idea.

La denuncia de la APM habla de ´ataques a periodistas en sus propias tribunas, en reproches y alusiones personales en entrevistas, foros y actos públicos, o directamente en tuiter […]El acoso pretende minar la credibilidad y el prestigio de estos profesionales, sometidos en ocasiones a un bombardeo constante de mensajes que intentan descalificar o ridiculizar su trabajo y recortar su libertad de información´. ¿Y qué hacer cuando es al revés, cuando  estos critican y descalifican si lo consideran oportuno (y dentro de la legalidad) a todo tipo de profesionales? Cuando actúan así es por la libertad de expresión, si se les critica denuncian amenazas. Mala cosa. El derecho a la información no es patrimonio de los periodistas, sino de los ciudadanos. Los periodistas deben saber que quién atenta contra la libertad de expresión no es un fan de Podemos conectado a Tuiter ni Pablo Iglesias durante el acto de presentación de un libro, sino esos bancos que retiran o niegan financiación a los medios que no les gustan, esos grandes anunciantes que con sus anuncios deciden quiénes se mantienen y quiénes desaparecen, esa publicidad institucional que políticos gobernantes reparten entre los medios sumisos.

Vaya por delante, pues, que el comunicado de la APM vulnera cualquier principio deontológico desde el mismo momento en que esconde las supuestas pruebas de las amenazas de Podemos y cuando personaliza las críticas en una formación en concreto. No hay objetividad, no hay datos, es un ´dicen que…´. Es tirar la piedra y esconder la mano. ¿Dónde estaba la APM cuando la policía del ministro del Interior se plantó en la sede de Público sin orden judicial? ¿Y cuando Rafael Hernando amenazó a Jesús Cintora con un ´usted sabe lo que hace´, como preludio de su despido en Las Mañanas de Cuatro? ¿O el revival de Javier Maroto avisando a Javier Ruiz, sustituto de Cintora, de que iba a ´tener que llamarle la atención? ¿Dónde estaba la APM?

La APM exige. Sí, exige, que se dice pronto. A Podemos, eso sí. Se trata de la misma APM que ha pasado de puntillas por algunos de los momentos más bochornosos de la historia del periodismo moderno. La Asociación de la Prensa que mira para otro lado cuando hablan Sostres o Jiménez Losantos, cuando ABC publica portadas indignas, cuando La Razón se convierte en un instrumento de propaganda gubernamental, cuando OK Diario hace del periodismo un estercolero, cuando El País llama ´insensato sin escrúpulos´ a Pedro Sánchez en un editorial, cuando la SER pone en la calle a Escolar por relacionar a Cebrián con los papeles de Panamá, o la Federación de Periodistas Europeos denuncia la falta de imparcialidad de TVE. La misma APM que no abrió la boca durante el seguimiento que El Mundo realizó sobre los atentados del 11M, ni tampoco la abre para reclamar profesionalidad a los diarios del régimen. ¿Cuándo esta asociación ha denunciado la ley mordaza y las ruedas de prensa de Rajoy y los suyos que incluyan preguntas y respuestas?

Y termino. El comunicado en el que APM denuncia el acoso de Podemos no deja de ser un chiste o un acto de cinismo. Tras cuarenta años de oligarquía posfranquista, es la primera vez que esta asociación emite un comunicado denunciando, de manera directa y descarnada, acoso por parte de un partido político. Y, qué curioso, cuando por fin deciden ejercer su función, no lo hacen contra los partidos que han gobernado este país por cuatro décadas: la denuncia no es contra el PP ni tampoco contra el PSOE. Mucho menos acusan de ello a las empresas que ejercen mediante la publicidad la más persuasiva de las censuras. El acosador es Podemos, un recién llegado sin apenas poder político o institucional, ni influencia o infiltración orgánica, ni medios económicos para ejercer ningún tipo de acoso, más allá de su propia opinión. Y mucho menos para obstaculizar la libertad de expresión.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LAMENTABLE NOBEL.

 

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