@ellibelaresc

Tendrán o no más o menos seguidores, pero lo cierto es que cuando protestan, aun siendo pocos, son multitud. Y hay que ver la pasión con la que reivindican sus creencias personales que quieren hacer extensibles a todos como colectivas. Estoy hablando de los fanáticos de la secta católica, que lo mismo se arremolinan para arropar el autobús de Hazte Oír que se concentran en la plaza pública, con o sin permiso, para reivindicar que la televisión pública, con el dinero de todos, siga televisando sus ritos mágicos.

La polémica tiene nombre bíblico: El Día del Señor, la misa televisada de La 2. El Boletín Oficial de las Cortes publicó la semana pasada una iniciativa de Unidos Podemos pidiendo que se elimine de La 2 el programa dominical que emite la misa católica. ´Defendemos la libertad religiosa, pero en un país aconfesional, y laico, según las sentencias del Tribunal Constitucional, quizás la televisión pública no sea el espacio más sensato para que se lleven a cabo ritos religiosos de cualquier tipo´, defendió Pablo Iglesias. Su argumentación, como era de esperar, provocó inmediatamente un debate con los de siempre. ¿Un Estado aconfesional debe emitir programas religiosos? ¿Se prima en los medios públicos a los católicos frente a los musulmanes o a los judíos? Descontada la oposición del PP, ¿tendrá Podemos el apoyo del PSOE o de Ciudadanos? El PSOE pasa del tema porque, dice, quien no quiera verlo que no lo vea. Escabulle el bulto, como siempre, y no quiere reconocer que la televisión pública tiene que ser laica y neutral, tiene que educar, dar historia de las religiones, pero no puede impartir doctrina. C´s se muestra más abierto y se muestra a favor de discutir la propuesta de Podemos al considerar que ´España es un estado aconfesional en el que se puede debatir lo que se retransmite en la cadena pública´. Pero ya sabemos que lo que C´s dice hoy es posible que mañana ya no sea lo de ayer. Y así ha sido: el día siguiente la veleta de Rivera cambió de rumbo al comprobar que el viento soplaba en contra y le movía el flequillo. Más que un partido político C´s parece un antivirus.

La anécdota simpática nos la ha dado una celebridad: Tamara Falcó, que se moja y proclama a los cuatro vientos que cree en Dios y que es católica practicante, así que no tiene ningún problema en luchar por todo aquello que pueda atacar a su religión: ´¡Para que Pablo Iglesias no nos quite la Misa de TVE 2 los domingos, enciende la televisión y sintoniza el canal ahora!´, publica en su cuenta de Instagram.

Y ahora en serio: ¿Tan vacíos de contenidos, o aburridos, andamos en este país que la declaración de una ´famosilla´ llegue a ´Trending Topic´ en las redes y a ocupar portadas en la prensa generalista?  ¿De verdad a alguien le importa un comino lo que pueda decir esta chica incapaz de vocalizar su propio nombre de manera inteligible? ¿O es que a alguien le sorprende lo que pueda llegar a plantear, afirmar o reivindicar?

En absoluto nos sorprenden estas declaraciones de la famosa. Lo que sí hubiera sido noticia es que la celebridad hubiera exigido justicia o igualdad, recursos para los más pobres, paralizar los desahucios, o que no se desmantele la sanidad pública y el sistema educativo, o que los trabajadores recuperen sus derechos o que los pensionistas dejen de perder poder adquisitivo. Y obviamente, no ha sido el caso.

Tamara Falcó quiere que sigan emitiéndose las misas católicas en el segundo canal de la televisión pública. Pues estupendo. Seguramente también quiere que por los grifos salga Chanel nº 5. Y yo quiero que se emitan los rituales pastafaris , las danzas de los derviches y que se oscurezca la pantalla del televisor cuando salga Rajoy. Y ya veo, más bien constato, que ni importan unas narices lo que yo quiera, ni creo que importe mucho más lo que ella pueda querer, con la salvedad de que las misas católicas sí se emiten, en exclusiva religiosa, a pesar de que presuntamente vivimos en un Estado aconfesional (que sigue oliendo a incienso, naftalina y nacional-catolicismo).

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA ¿RENOVADA? CONFERENCIA EPISCOPAL.

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