@ellibelaresc

Escribo esta gacetilla con el recuerdo de una cita de Baltasar Gracián: ´triste cosa es no tener amigos, pero más triste debe ser no tener enemigos, porque quien enemigos no tenga, señal de que no tiene: ni talento que haga sombra, ni valor que le teman, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que le envidie´. Y la cita la traigo a colación por el tirón innegable que Podemos tiene en cualquier manifestación en la que se pronuncie (aunque tengo que reconocer que son muy tibios -¿táctica electoral?- cuando se les pregunta que se definan sobre República-Monarquía. Dicen que eso no es prioritario. Pues se equivocan).

Ha bastado que los de Iglesias pidieran que RTVE suprimiese de la parrilla de La 2 la emisión de las misas de los domingos para que la audiencia se haya triplicado hasta alcanzar el 19% de cuota de pantalla (un millón de televisores). De seguir así las cosas no sería extraño que las cadenas privadas contraprogramaran rápidamente con misas patrocinadas por Heineken y con pausas publicitarias entre la homilía y la comunión.

Dice Iglesias, y no le falta razón, que ´cada vez que un obispo habla en este país es para decir que la ideología de género es un peligro, que el matrimonio entre dos hombres o mujeres no es matrimonio, que no se debe usar el preservativo o que el sexo es un tema tabú. Eso que lo digan en 13TV o en la COPE, en las televisiones públicas necesitamos otra cosa´. Y añade que no solo  deben desaparecer las misas de la televisión pública sino que el Estado tendrá que  reclamar que la Iglesia devuelva a los españoles los bienes inmatriculados, como por ejemplo la Mezquita de Córdoba. Totalmente de acuerdo. Montero tampoco se queda corta: ´En las misas que se retransmiten por la cadena pública hemos podido ver cómo la jerarquía católica de nuestro país incitaba al odio a las personas homosexuales (Reig Plà los condena al infierno) o hablaba del derecho al aborto como algo abominable´.

Estas declaraciones no han gustado a la caverna episcopal y a los periodistas que chupan de su bote, como es el caso de Carlos Herrera en la COPE de los obispos. Estómago agradecido que se lo crea o no arremete furibundo contra los podemitas porque intuye certeramente que así lo quieren sus jefes: ´A estos la misa les importa un carajo […] No habéis visto la misa en vuestra puñetera vida, y no incita al odio, al contrario. Estos se mueven por el odio a lo que no creen y solo se mueven al resorte del ‘arderéis en el 36’. Imagínense ustedes toda esta chusma en el poder. Estos, que, además, cobran por un programa de televisión del régimen iraní, que lapida adúlteras y que cuelga a homosexuales y de esto todos esos niñatos no dicen nada. Dicen que den la misa en 13 tv, pero la prohibirían igual´. Cierto, Herrera, cada día estoy más convencido: eres el paradigma del periodismo basura.

Un matiz. Ya de monaguillos se nos decía por parte del cura que la misa radiada no valía, y más tarde, cuando llegó la televisión y el régimen la impuso en TVE1, más de lo mismo. Si esto es verdad, que sí, ¿por qué la ponían? Entonces había muy poco que ver y con sus liturgias en latín y gregoriano y toda la parafernalia de misterio e incienso que conllevaba pues tenía su gracia. Pero ahora, con las guitarritas y la vernácula pues, la verdad, la misa como espectáculo de televisión ha perdido mucho. Por eso ¿no sería más coherente concienciar a los curas de que es imprescindible  ganar en espectacularidad para así no hacer necesario que intervenga Iglesias para ganar audiencia? ¿Por qué no toman como modelo las procesiones de Semana Santa, convertidas en atractivos turísticos, teatro callejero, carnaval católico, para devotos y descreídos por igual? Que quede la sugerencia y esta conclusión: esta misa en la tele no es un servicio público sino un privilegio público.

Y ya en serio: mala cosa la de los sentimientos religiosos de este país y de su ofensa. Tal vez alguna mente sensata dirá que qué más da. Zapeas, ves la misa y sigues zapeando. Pero no es eso. Es que la televisión pública no está para divulgar mitos, fantasías y milagros. Ni, por supuesto, para adoctrinar. En esto es posible que muchos estemos de acuerdo, y ahí está el quid de la cuestión. No, pues, a las misas televisadas, ni a las procesiones, televisadas o no, porque ocupan espacios públicos que son del disfrute de todos, católicos o no. Y ya que estamos en ello, no, también, a los toques de campanas, que no entiendo, en pleno siglo XXI, qué función tienen si no es la de, también, recordar de forma subliminal que ahí están los gurús católicos dando la lata.

En la gacetilla de mañana hablaremos de MÁS DE LO MISMO, PERO BREVE.

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