@ellibelaresc

En octubre de 2015 el papa Bergolio convocó un Sínodo de obispos, cardenales, religiosos, familias y expertos para reflexionar sobre los nuevos modelos de la familia. Un día antes de que se reuniera la asamblea el sacerdote polaco Krzysztof Charamsa, uno de los 10 oficiales de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio o Inquisición), secretario adjunto de la Comisión Teológica Internacional del Vaticano y profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, salió del armario y declaró su homosexualidad. ¿Por qué esta declaración un día antes del Sínodo? No fue casual. ´Querría decir al Sínodo, dice el polaco, que el amor homosexual es un amor familiar, que tiene necesidad de la familia. Cada persona, también los gais, las lesbianas o los transexuales, lleva en el corazón un deseo de amor y familiaridad. Cada persona tiene derecho al amor y ese amor debe estar protegido por la sociedad, por las leyes. Pero sobre todo debe ser cuidado por la Iglesia´. Pues lo tiene claro, digo yo y ojalá me equivoque. La iglesia católica se quedaría en cuadro si multitud de sus miembros tuvieran el valor de este polaco.

La declaración rotunda de monseñor Charamsa enfrenta al papa Francisco en particular y a la Iglesia católica en general a una realidad que siguen empeñándose en no ver. ´Quiero que la Iglesia y mi comunidad sepan quién soy. Un sacerdote homosexual, feliz y orgulloso de la propia identidad. Estoy dispuesto a pagar las consecuencias, pero es el momento de que la iglesia abra los ojos frente a los gais creyentes y entienda que la solución que propone para ellos, la abstinencia total de la vida de amor, es deshumana´.

La expulsión de monseñor del sistema fue fulminante. Charamsa se lo ha tomado con una normalidad ejemplar presentando en sociedad a su novio Eduard, economista de origen catalán, y animando a seguir su ejemplo a ´tantísimos sacerdotes homosexuales que no tienen la fuerza de salir del armario´ y acusando de homofobia al Vaticano: ´Pido perdón por todos los años durante los que he sufrido en silencio ante la paranoia, la homofobia, el odio y el rechazo a los homosexuales que he vivido en el seno de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que es el corazón de la homofobia en la Iglesia. No podemos seguir odiando a las minorías sexuales, porque así odiamos a una parte de la humanidad´.

Charamsa vive actualmente en Barcelona con su pareja, ejerce su sacerdocio en la parroquia global de las redes sociales y con la publicación de La primera piedra: Mi rebelión contra la hipocresía de la Iglesia (Ediciones B), relato autobiográfico de su vocación sacerdotal, su vida en el Vaticano y su salida del armario, quiere ajustar cuentas.

Entre otras se irá a la tumba con los nombres de los cardenales que en el Vaticano se le insinuaron, y de otros muchos que practican la homosexualidad en pareja o en relaciones esporádicas. No los va a denunciar ´porque no puedo denunciar una práctica que para mí no es nada malo, y no quiero ser cotilla ni provocar escándalo´.

Hasta su consultorio virtual llegan miles de curas de todo el mundo que viven sus traumas personales, esa lucha entre su orientación sexual y su juramento ´homófobo´. En el libro nos contará la historia de su primer amor con un compañero sacerdote también, ´un profundo sentimiento en busca del amor, pero altamente doloroso y tenso de contradicciones´; denuncia al mundo la hipocresía de la Iglesia católica, una institución que, desde hace siglos, utiliza el sexo con el fin de imponer su poder sobre la gente. Lo hace sembrando infelicidad en las personas, condicionándoles a no vivir con serenidad esta dimensión fundamental de la existencia: a través del precepto, la doctrina y la confesión; las mujeres son inducidas a someterse a los maridos mientras que los homosexuales son discriminados, reducidos a una dimensión de apestados, aniquilados. Todo ello oculto tras un manto de hipocresía porque el clero católico, homófobo hasta la médula, está compuesto en gran medida por homosexuales; con profundo pesar lamenta que trabajando tan cercano al papa Francisco este no le contestara a la carta en que le comunicaba que era gay;  sigue considerándose sacerdote por encima de todo (además de escritor y conferenciante); el papa está solo  y ya no le interesa luchar: ha sacrificado cuestiones como la homosexualidad o la presencia femenina en la Iglesia, reaccionando como un político oportunista y nombrando comisiones llenas de homófobos  y misóginos, y  los teólogos verdaderos están asustados, no pueden hablar porque serán desplazados de su cargo; también nos habla de la permisividad del pontificado de Benedicto XVI con la pedofilia, de la infinidad de enemigos que tiene Bergoglio en su curia y de otros temas que seguro el Vaticano dirá son invención del polaco.

En la gacetilla de mañana hablaremos de SUSANA NO ES LA SOLUCIÓN.

Anuncios