@ellibelaresc
Hay que ver con qué frecuencia la mayoría de los políticos, sobre todo de PP y PSOE, se olvidan de lo que han firmado y nos han ´obligado´, muchas veces con trampas saduceas, a votar en referéndum. Estoy hablando, una vez más, del asunto tan maltratado de la aconfesionalidad del Estado, y por tanto de la actividad política. Pero no es así. Es una vergüenza, no que la Constitución establezca la neutralidad del Estado en materia confesional, sino que dicha declaración no se haya traducido todavía en órdenes y decretos, circulares y leyes tendentes a implantar dicho carácter en cada una de las instituciones que son prolongación de dicho Estado. Porque sería de ilusos pardillos establecer leyes para no cumplirlas, ¿no?

La Constitución se aprobó en 1978. Desde entonces han pasado muchos años, muchas lluvias y muchos vientos. Díganme mis lectores si alguna vez, en alguna sesión parlamentaria, sus señorías se han propuesto debatir y encauzar la propuesta de aconfesionalidad que establece la Carta Magna y su aplicación en las instituciones de titularidad pública: escuelas, ayuntamientos, cementerios, cuarteles, parlamentos, hospitales, universidades, ejército, instituciones regias, TVE, etcétera. Y mientras sus señorías campan tan ligeros y consienten que por contar un chiste de humor negro una persona vaya a la cárcel y que un político se salga por la tangente incumpliendo sistemáticamente lo marcado en la Constitución.

Incumplen más o menos sistemáticamente y no pasa nada. Por ejemplo cuando juran sus cargos ante un crucifijo o una Biblia. ¿Acaso ignoran que están ingresando en una institución de naturaleza aconfesional y no en un convento de cartujos? Jurar cargos públicos ante un crucifijo es una contradicción con la naturaleza del puesto al que acceden. Cuando cometen algún delito en el ejercicio de sus cargos -cohecho, prevaricación, malversación de fondos públicos-, ¿acaso se acuerdan de dicho juramento? Es una pena que los jueces, tan remilgados en otras cuestiones, no reparen en este detalle y aumenten, en consecuencia, las penas de los condenados por estos delitos a veinte años más de cárcel por ser perjuros. Quizás, así, la mayoría de los políticos actuarían con mayor cautela antes de jurar sus cargos ante un fetiche religioso.
¿Por qué se dan estas actitudes? Yo lo tengo claro: que digan las razones que quieran para calmar al personal que los vota pero la principal sigue siendo el sometimiento del poder civil al poder religioso. Los políticos han convertido la declaración de neutralidad confesional del Estado en el hazmerreír de la democracia. La realidad actual es clara: a quien exige la separación radical de la Iglesia y del Estado se le califica de ateo y de anticlerical. Y no es eso. El laicismo nada tiene que ver con creer o no creer, ser mormón o católico. El laicismo es profilaxis que nos previene de la gonorrea clerical que padece cierta clase política al permitir la intromisión en el ámbito de lo público el virus de lo religioso, avasallando así el respeto debido a la pluralidad existente, tanto institucional como social. En este tema, insisto, lo lamentable sigue siendo que cierta izquierda todavía no es capaz de distinguir entre lo que es una Parroquia y un Parlamento.
En la gacetilla de mañana hablaremos de EJEMPLARIDAD.

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