@ellibelaresc
No sé si la moral victoriana (´Todo me está permitido con tal que nadie me vea´) puede servir a ciertos intereses sin escrúpulos. Me refiero en concreto a las actividades del rey emérito que últimamente se han hecho públicas, aunque algunas correrías con cacerías incluidas eran del conocimiento de mucha gente y de algunos espías. Y no solo a ciertas actividades, sino también a ciertas declaraciones que, en conjunto, dan la talla del personaje. Decía el emérito en el mensaje de la Navidad de 2011 que ´… necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar´. Cuando esto afirmaba Juan Carlo su historial ejemplar ya era sobresaliente.

¿Cómo, sabiendo lo que se le sabía, se le pudo permitir al emérito que dijera esas palabras tan poco ejemplares? ¿Lo suyo fue cinismo, falta de ética o ADN Borbón? El mayor activo de una institución monárquica, cuyos privilegios son inmensos, no es otro que su ejemplo moral y las obligaciones que en este sentido le son inherentes. El mundo ético no es sólo el de los derechos; a la ética también se le exige el cumplimiento de los deberes, como es, y muy principal, el de la ejemplaridad. ¿El Jefe del Estado tiene vida privada? Por supuesto, ¿pero la que tenía Juan Carlos, pagada con fondos públicos? Lo dudo. La Casa Real no está para satisfacer los caprichos de su inquilino, sino para servir a la Jefatura del Estado. Y menos si esos ´caprichos´ se pagan con dinero de los ciudadanos.

¿Qué quiso decir el Borbón con aquella frase de que ´todos somos iguales ante la ley´? ¿Todos menos él, según marca el art. 56.3 de la Constitución: ´la figura del Rey no está sujeta a responsabilidad´? En una sociedad moderna que un ciudadano en un Estado de Derecho y democrático pueda incumplir, por nacimiento, cuantas normas quiera sin asumir culpa jurídica alguna es absolutamente indefendible. Pura teoría medieval, esa que decía que el poder del Rey emanaba de Dios.

A mí, personalmente, me importan muy poco los devaneos que haya podido tener el emérito, pero sí me interesa su coherencia con estas palabras: ´Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar´. Y más quien, desde tan alta institución, se confiesa públicamente católico y recibe todas las bendiciones y privilegios de esa religiosa institución. No se puede obviar que la iglesia católica, desde su rancia moral, condena el adulterio y rechaza de su comunión a quien incurre en él. Y mientras condena a los simples fieles en manifiesto adulterio a ser excluidos de los sacramentos, ha mantenido y mantiene un cínico silencio incomprensible con la monarquía. La ejemplaridad y la coherencia en la vida son deseables y convenientes, pero en la vida pública (y en la responsabilidad política) son exigibles. ¿Se puede criticar que muchos ciudadanos estén escandalizados al contemplar que quien es el Jefe del Estado incumple como monarca constitucional católico sus compromisos públicos matrimoniales o derroche en censurables cacerías, realizadas con fondos públicos al mismo tiempo que, en medio de una salvaje crisis, se les exijan a los ciudadanos arduos sacrificios económicos…?

Y así estamos. Puede que a muchos de mis lectores les molesten estas apreciaciones sobre la monarquía, pero yo estoy con Antonio Machado, cuando ponía en boca de su Juan de Mairena que: ´La verdad es la verdad, dígalo Agamenón o su porquero´. O esos acertados y cáusticos versos de Quevedo en su Epístola satírica al Conde Duque de Olivares: ´¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente´?
En la gacetilla de mañana hablaremos de LA AUDIENCIA NACIONAL CON CARRERO BLANCO.

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