@ellibelaresc

Hoy celebramos el día de la República, si bien hemos que aceptar que, en estos momentos hablar, políticamente se entiende, de República suena a imposible, sobre todo si tenemos en cuenta la actitud del Partido Popular y la traición del PSOE, que se  declara republicano de corazón pero convive la mar de bien con la monarquía impuesta por el dedo del dictador. Todo un disparate. Pero una realidad es cierta: que un tanto por ciento muy importante de los ciudadanos españoles, conscientes o no, disfrutan, quieren y aplauden los ideales y objetivos de la República. Pues no lo dudemos, porque ese es el camino: conseguir el objetivo aunque sea trazando un largo circunloquio.

España no será nunca una democracia ´de verdad´ hasta que no se ´nacionalice la jefatura del Estado´. Sin República no puede haber regeneración democrática, ni Estado social duradero. Así de claro. Por tanto tendremos que regenerar la política y los pactos para entender de otra manera las contradicciones flagrantes que hay en la Constitución. Porque la Constitución dice que todos los españoles somos iguales ante la ley, por un lado, y, por otro, dice que la persona del rey es inviolable. ¿Cómo se entiende esto? La cosa es clara: o el rey no es español o la Constitución es un fraude.

Cada 14 de abril los republicanos  reivindicamos que  ´España, mañana, será republicana´, pero ese mañana, al menos en estos momentos, parece cada día más lejano, sobre todo después de haber conseguido con el sistema de connivencia de PP y PSOE que se reequilibrara la monarquía tan desprestigiada en los últimos tiempos por Juan Carlos y que su hijo Felipe, de momento, haya puesto un poco de orden y cordura entre tanto desorden.

Así las cosas parece que en estos momentos la monarquía está ´aparentemente´ consolidada. Puede ser, pero los datos y los sentimientos pueden llevarnos a un engaño. El número de republicanos va en aumento, y el espíritu de la República poco a poco se va consolidando. Quizás la táctica sea no pensar en la República y dejar que su espíritu nos inunde hasta hacerla real. La realidad es que si en las encuestas preguntamos por la República, el resultado es deprimente. No es una prioridad para la mayoría de ciudadanos. Pero si preguntamos por valores republicanos, la cosa cambia. Eso sí, sin llamarlos republicanos.

El sentir de la República cada vez es más convincente en los ciudadanos, partidarios, sin tapujos, de una democracia con derechos y libertades plenos, sin mordazas ni recortes, con una división de poderes digna de tal nombre y controles democráticos; cada vez más preocupados por la desigualdad social y la redistribución de la riqueza y partidarios de un Estado que no abandone a los vulnerables. Cada vez es más hegemónica la exigencia de justicia y el rechazo a la corrupción. No deja de crecer el número de quienes exigen una educación de calidad, pública, y de quienes rechazan los privilegios de la iglesia católica. ¿Hace falta que siga enumerando valores republicanos que hoy defiende la mayoría? Tiempo al tiempo. Dejemos que, de momento, estas prioridades maceren para luego ponerles un nombre, ponerles República.

Los ideales republicanos están calando en la ciudadanía, aunque algunos aparten el tema y piensen que es secundario. La implantación de estas ideas también está favorecida porque el deterioro del sistema conduce irremediablemente a su reforma, que será más o menos intensa dependiendo de la correlación de fuerzas. Pero incluso en el peor de los casos, habrá reforma constitucional más temprano que tarde, y el resultado será más republicano que el actual. Estoy convencido.

Y cuando estas ideas calen en los españoles ¿qué haremos con Felipe? ¿Contemplará nuestra Constitución una monarquía republicana (estúpido oxímoron)? Dejemos a Felipe, de momento, en su pedestal. Empecemos la reconstrucción de la casa republicana desde los cimientos, que son la implantación de los valores republicanos en los ciudadanos. Debemos conseguir avanzar hacia la República sin nombrarla y sin empezar por la corona, de este modo le haríamos una maniobra envolvente al rey que acabaría volviendo insostenible la jefatura de Estado hereditaria. Creo yo.

En la gacetilla de mañana hablaremos de RELIGIÓN CATÓLICA Y EJÉRCITO.

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