@ellibelaresc

Oficialmente parece que no, pero en la práctica es que sí: blanda, pero eficaz, es la teocracia que con disfraz de oveja todavía gobierna este país. Ese nacionalcatolicismo que tan bien supo armonizar Franco todavía está presente en amplias y decisivas esferas. Y no exagero. Por eso da cierta risa cuando alguien te recuerda que vivimos en un país aconfesional, tal y como reza la Constitución.

Son muchos los espacios de España que todavía controlan los curas y no deberían. Es el caso de los despachos del ministerio de Educación. En connivencia con el PP y el nefasto Wert presionaron y presionan para que Religión católica se metiera en cuña como asignatura que computa para nota y la Lomce de Wert abrazó fraternalmente al ´lobby´ de los obispos. Las reformas de Méndez de Vigo no contemplan ni de lejos quitarles a los obispos ese privilegio educativo. Y hay más: la mayoría de los colegios concertados en España son católicos (6 de cada 10), así que las plazas subvencionadas con dinero público incluyen rezos y crucifijos en el lote. Esos alumnos de lo público son y serán educados en lo católico.

Los curas también deciden sobre las vacunas, la vida y la muerte en los comités bioéticos de los hospitales públicos. ¿A santo de qué un cura en un comité de diagnósticos hospitalarios?

La Conferencia Episcopal también tiene muchos infiltrados en la cúpula política y judicial. El caso más flagrante lo pudimos vivir en nuestras carnes con el anterior ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que de tanta fe se desparramó y acabó por tomar decisiones tan ridículas como darle una medalla al mérito policial a una virgen o hacerse acompañar por su ángel Marcelo. El caso de la virgen se ha llevado al Supremo. Veremos si este tribunal  entiende que la Virgen del Amor merece la medalla pública tanto como un policía muerto en acto de servicio.

Los obispos más radicales, que son mayoría, salen con su filosofía de puño y candado a acuñar ´imperio gay´ o ´ideología de género´, les ponemos un manto de flores y unos micros, y su mensaje vuela y se escucha allá donde jamás habría llegado. Aún influyen demasiado.

Y no digamos lo que mandan con el  IRPF. Cada año nos la topamos en la declaración de la renta. Gracias a la casilla recaudan millones (249 el año pasado), y así  y todo les pagamos aparte los profesores de Religión y las capillas de cuarteles y hospitales. También hemos acordado con el Vaticano que les vamos a financiar, sí, pero además que estarán libres de pies y manos. El Gobierno les ha eximido de rendir cuentas. En qué gastan ese dinero sigue siendo un misterio mariano. Al final, entre unas cosas y otras se llevan la bonita cifra de alrededor de 13 000 mil millones de euros al año. Y no eso solo. ¿Y el expolio que han hecho con las inmatriculaciones? ¿Cuál es el patrimonio actual de la Iglesia Católica en nuestro país? Incalculable. ¡Otra amortización de Mendizábal YA!

¿Por qué tantas contemplaciones? ¿Por qué se les permite que nos digan cómo debemos vivir y que influyan en las leyes? Acabemos con el Concordato, saquemos las religiones de las escuelas, de los ministerios, de los hospitales, de los cuarteles, de la vía pública. Hagamos que sea ilegal conceder una medalla a una virgen. Acabemos con los privilegios fiscales de los señores del solideo y empecemos a construir una sociedad laica en lo cotidiano. Pero tendremos que ser, de momento, realistas. No hay forma de quitarnos de encima esta casta del poder político y divino.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL DÍA DESPUÉS DE LOS CARNAVALES.

 

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