@ellibelaresc

Uno ve el proceder de la secta católica y la pertinaz insistencia con que presiona a los gobiernos para estar presente en los planes de estudios y se pregunta a santo de qué tanto interés y qué beneficios esperan conseguir a corto, medio y  largo plazo. Me lo he preguntado muchas veces, y presumo que puedo tener, al menos, una respuesta.

Efectivamente, es innegable que las creencias religiosas no provienen de ningún aprendizaje natural y racional, sino de un temprano, constante y firme adoctrinamiento. De ahí que las religiones otorguen tanta importancia a estar presentes en la Educación, especialmente en las primeras etapas. Porque los primeros años de vida son los más importantes en la educación humana; lo que se cuenta a los niños en esas edades, en las que se carece de herramientas de defensa intelectual, formará parte de sus esquemas mentales y de su subconsciente, la mayor de las veces el resto de su vida.

Durante casi los más de veinte siglos de su existencia el cristianismo ha ostentado y ha hecho suyo el monopolio de la enseñanza, de la cultura y de la educación. En realidad, ha hecho suyo el monopolio de todo, pero eso es otro cantar. La Educación siempre la ha orientado, poderosa como es o ha sido, según sus intereses. El cristianismo ha quemado libros, la Biblioteca de Alejandría entera fue saqueada y quemada por los cristianos en siglo IV; ha vetado a la ciencia, ha perseguido y aniquilado a sabios y científicos, ha retrasado de manera infame el progreso, ha alentado la incultura de los pueblos, ha formateado el conocimiento, siempre cribado por sus vetos y creencias, y según sus dogmas e intereses.  La iglesia católica acepta el progreso solo donde ya no puede impedirlo.

Por eso sigue queriendo ostentar el mismo potente influjo en la Educación española del siglo XXI que ostentaba en el siglo XVI. Decide en buena parte los contenidos curriculares, adoctrina a los niños y adolescentes en las clases perennes de Religión en la enseñanza, lo cual es una vergüenza nacional, porque en los países realmente democráticos la religión está fuera de la Educación pública, cuya obligación es ser ideológicamente aséptica. Buena parte de las empresas editoriales de libros de texto son de su propiedad. Consigue que el Estado financie sus negocios educativos privados en lo que llaman conciertos; forma parte activa, en definitiva, de los ámbitos educativos, que deberían ser ámbitos dedicados a la formación y al conocimiento, no a expandir dogmas, ideas irracionales ni verdades reveladas.

Es evidente que en cuestiones de laicidad en este país avanzamos al revés, dirección la Edad Media. La libertad de pensamiento, que es la columna vertebral del resto de libertades, en este país está ignorada, ocultada, mancillada. Vivimos en medio de una especie de teocracia aliada al capitalismo y a la doctrina neoliberal que nos lleva a esperpentos de este tipo. El conflicto fe/religión es tan antiguo como las más antiguas religiones, porque el pensamiento mágico-religioso siempre ha sido el gran enemigo de  la luz del conocimiento. Las religiones se basan en mitos que se derrumban ante un mínimo atisbo de ciencia o de razón. El conocimiento enseña a dudar y analizar, las religiones enseñan a someterse y a obedecer. De ahí el eslogan que suelen aducir los defensores de la enseñanza racional y laica, y de los que se oponen al adoctrinamiento en la escuela: Si vienes a rezar a mi escuela, iremos a pensar a tu iglesia.

En la gacetilla de mañana hablaremos de QUÉ GRAN ACTRIZ ERES, ESPERANZA.

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