@ellibelaresc

Hacía ya tiempo que en mis gacetillas no tenía cabida Esperanza Aguirre. La había desahuciado porque su discurso populachero y su protagonismo impostado ya empezaban a cargarme. Pero los últimos acontecimientos que ha protagonizado, sobre todo el vertido de sus lágrimas de cocodrilo, de nuevo me han cautivado y motivado a escribir esta gacetilla para con motivo de su dimisión (en el día de ayer). A no ser por alguna que otra rana espero no volver a nombrarla en mis gacetillas.

Qué sentidas lágrimas las de doña, y cuánto cursillo en artes escénicas puesto en práctica al salir de declarar de la Audiencia Nacional como testigo del caso Gürtel. Viéndola no sabía si estaba del lado de la comedia, el sainete o la tragicomedia, ´doña Esperanza de Trevélez´, habría escrito esta vez Arniches, aunque con otro argumento, o no. Lo cierto es que esta vez Esperanza se ha superado porque en las tragicomedias, o en los dramas, no es necesario que el actor llore, sino que llore el público. Y ella lo ha conseguido. Su puesta en escena ha sido total, si bien no ha convencido del todo a los críticos porque lo normal es que llore el espectador. Por eso tal vez la actriz Esperanza se ha salido un poco del guion y ha puesto al tanto a Mariano que, cuando le llegue el turno, no va a salirse de su personaje ni un milímetro.

No lloraba de pena por lo que, seguro, le iba a pasar a su mano derecha (como si alguna vez hubiera tenido mano izquierda) Ignacio González, expresidente de la Comunidad Autónoma madrileña, sino por sentirse una mujer burlada y estafada, una Lina Morgan que no se enteraba de nada y con menos vista que un topo. Ella que había regañado a Manuela Carmena una vez, diciéndole que en política se venía llorada de casa, se rompió en lágrimas en el momento más inoportuno, rodeada de testigos y cámaras. Dio la sensación de ser una mujer con mucha pena, con mucho desencanto, pero su teatro nos decía que su llanto era de rabia, de soberbia al verse apeada del pedestal de Margaret Thatcher, del que presumía, al de tonta del bote, reducida al estado catatónico de infanta.

Su ignorancia, su no lo sé llego a tener unos niveles cercanos a la ignorancia socrática del ´solo sé que no sé nada´ cuando la fiscal le preguntó si no sabía tampoco que en muchos de sus actos públicos se cobraban comisiones. Ante la disyuntiva de conocer o desconocer los abusos y tropelías de su cuadrilla, Aguirre admitió desconocerlo todo. No le quedaba otro remedio que admitir, ante un tribunal público, que habíamos tenido a una inconsciente y a una inepta al frente del PP madrileño durante décadas. El modo habitual de hacer política en un país donde, desde hace decenios, el presidente se entera de sus cagadas leyendo los periódicos. Excepto Mariano, que le echa la culpa al árbitro.

Cabría pensar que en todo este asunto corruptivo y sus consecuencias doña Esperanza, tan proclive a hacer declaraciones populistas, se hacía la tonta. No es así. Esperanza es tonta, en el sentido de las acepciones de: ´persona de poco entendimiento o inteligencia´ y de ´aparentar que no se da cuenta de nada´. ´El grave problema de Aguirre no consiste, seguramente, en que ella sea corrupta o haya permitido la corrupción de sus cargos de confianza, sino en que es una política incompetente que ha suplido sus muchas carencias en la capacidad de gestión y control por un populismo de corte supuestamente liberal y que ha exigido a sus colaboradores más próximos -y a los que no lo eran- una fidelidad perruna al tiempo que recibía complacida una sistemática adulación. En la medida en que practicaban esa actitud sumisa, ella ponía por ellos la mano en el fuego. Por eso la tiene abrasada´, opina José A. Zarzalejos. Ha querido serlo todo porque le susurraban al oído que era una política a lo anglosajón (su comportamiento no puede ser más opuesto a ese modelo), una gran liberal, una mujer valiente y decidida. En realidad ni se ha estilado al modo británico, ni ha sido arrojada sino temeraria y nunca fue decidida sino parlanchina e indiscreta. Convencida de disponer de un carisma popular, de verbena goyesca, de chulapa matritense, no ha parado de aparecer, declarar, denunciar, poner la mano en la brasa por este o por aquel… en definitiva, no ha dejado de comportarse como una política imprudente, desavisada y torpe, incapaz de detectar -¿no ha querido o no ha podido?- la rapiña que se estaba produciendo ante sus mismísimas narices. Aguirre, por desgracia para el PP y para la derecha española, ha sido una ignorante que por incompetencia y por ambición ha sido –“in vigilando” e “in eligendo”- la dirigente popular que más daño ha hecho a su partido. Creo yo, o por lo menos una de.

En definitiva, en todo este asunto lo más loable que ha hecho Esperanza Aguirre ha sido dimitir. Que su señor dios la tenga en la gloria.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿ENCAJA JESÚS DE NAZARET EN SU IGLESIA?

Anuncios