@ellibelaresc

Esa banda de mafiosos que son los poderosos del PP lo han sabido hacer muy bien, han manejado a su conveniencia los resortes del poder y de esta manera han alargado los procesos en los que están inmersos según su conveniencia para evitar descalabros electorales, pero tanto alargamiento, al final, se les ha vuelto en contra. Ha llegado un momento en que ya no se han podido ocultar más, y toda la mierda, todas las ranas les están saliendo. Pero lo lamentable es que en muy poco les afecta políticamente hablando. La gente, cierta gente, es tan mediocre y ciega que pasa de corrupción y les sigue votando.

Corría febrero de 2013 cuando Rajoy, en rueda de prensa posterior a un encuentro con Ángela Merkel, pronunciaba estas palabras acosado por los periodistas: ´Todo es falso salvo algunas cosas´. No era la primera vez que el presidente del Gobierno y del Partido Popular sacaba pecho y cerraba filas intentando negar lo que a todos, desde el principio, nos parecía evidente: Rajoy y toda la directiva del PP eran ya, por entonces, como la orquesta del Titánic: tocando y aparentando normalidad mientras que su buque se hunde. No fue, repito, la primera vez. En 2009 acusó al por entonces gobierno socialista, la policía, los jueces y la fiscalía de urdir una trama contra el PP y sus dirigentes. Todo era una trama contra el PP.

Por entonces, pocos conocíamos a Bárcenas, y en ningún caso en su faceta de peregrino a Zúrich; en aquellos días, Granados daba lecciones sobre honestidad en la televisión y, en un kafkiano e irónico giro, inauguraba la cárcel en la que daría con sus huesos unos años más tarde. Quién le iba a decir al PP que aquellos años, en la oposición, iban a ser sus años de vino y rosas, cuando todavía Rato era el alquimista detrás del milagro económico español, cuando Rajoy quería para España un gobierno como el de Jaume Matas, cuando todo eran abrazos y paseos en yate con Barberá y Camps, cuando el amor se respiraba en el aire y Rajoy lo gritaba a los cuatro vientos: ´Te quiero, Alfonso (Rus) te quiero´.

La pésima gestión que los socialistas hicieron de la crisis llevó a Rajoy a la Moncloa. Hubo quien pensó que ya había terminado todo y que iban a poder respirar tranquilos. Pero no fue así. El gallinero empezó a moverse. Bárcenas apareció para jodernos la siesta tras las noticias, Granados acabó no siendo un techado de virtudes, Esperanza Aguirre, descolocada y sin credibilidad, jugaba al ´sálvese quien pueda´ y el PP parecía un eccehomo desangrándose con miles de ´casos aislados´ de corrupción.

¿Casos aislados? No. El Partido Popular no es un partido salpicado por casos vergonzantes de corrupción, como el PSOE o CiU; lo del PP va un punto más allá, y es un conglomerado de fuerzas políticas, élites financieras y empresariales trabajando para arrimar siempre el ascua a su sardina. Son la panda de bastardos que se autodefinen como patriotas, que llevan con orgullo la bandera nacional en los gemelos, los tirantes o el cuello de la camisa pero guardan su dinero en Suiza, los mismos que llaman ´mamandurrias´ a la subvenciones pero trincan a manos llenas, rescatan a la banca o a las autopistas. Qué maravilloso plan, ese de privatizar los beneficios socializando eso sí, las pérdidas.

Y al frente de toda esta tropa, frente a esta colección de macarras de la moral, se encuentra Mariano Rajoy. El que no sabe nada. El que se entera de la corrupción por la prensa. El epítome del ´dolce far niente´. Es vergonzante que España tenga todavía hoy como Presidente al director de esta orquesta de bufones, hipócritas y lameculos que llevan robándonos y riéndose de nosotros ya demasiado tiempo. Y es vergonzante porque, se mire como se mire, Rajoy es culpable. Y lo es porque cuesta creer que, tras llevar media vida en la pomada de la política de altos vuelos el Presidente del Partido Popular, hoy Presidente del Gobierno, antes ministro, director de campaña y no sé cuántas responsabilidades más no se enterase, colaborase, se beneficiase o al menos consistiese semejante baile de cifras, sobres y mordidas a su alrededor. Porque si nunca lo supo, también debería ser responsable y dimitir, pues dudo mucho que alguien incapaz de saber qué se cuece dentro de su propio partido, que puede manejar con mano de hierro, pueda siquiera saber cómo empezar a transformar un país.

En la gacetilla de mañana hablaremos de ¿POR QUÉ SE BLINDÓ AL REY EMÉRITO?

 

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