@ellibelaresc

Estoy convencido de que la caída de Esperanza Aguirre es el preludio, no sé si a corto o medio plazo, de la de don Mariano Rajoy, porque a la vista de la últimas detenciones nada evidencia mejor lo que es el Partido Popular que esta cadena corrupta que liga a la lideresa Aguirre con el que fuera su presidente. Pese a ser enemigos públicos declarados, el común denominador de la corrupción los une hoy en la desgracia política.

La ´lideresa´ se va de la política, pero como es habitual en ella se va matando, dicho de otra manera, mostrándole el camino al presidente: ´La corrupción es un problema central de la política española. Los ciudadanos tienen derecho a exigir que los políticos asumamos nuestra responsabilidad con dignidad, sin dilaciones y sin excusas´. Pero se queda corta Esperanza, porque el estilo de Rajoy es otro: deja que cada uno caiga por su propio peso, que nunca es el suyo. Así cayeron defenestrados Aznar, Rato, Zaplana, Gallardón, Pedro A. Sánchez, Aguirre…A día de hoy, no queda ni rastro del aznarismo en la cúpula del PP.

Algunos sostienen que están de acuerdo con lo que está pasando pero que ni uno ni otra se han llevado un duro de la corrupción a sus bolsillos. Falso, porque quien no está en el ajo, tiene que estar al tanto. Quien no se ha enriquecido ha dejado que se enriqueciesen el partido, sus miembros y sus donantes. Quien no se ha llevado el dinero a espuertas se lo ha llevado en sobres. Si Aguirre dimite por su responsabilidad, Rajoy debería ser el siguiente. Rajoy tenía razón. En el PP todo es falso, salvo alguna cosa, que es muy poca cosa. Son falsas las excusas por la corrupción, el arrepentimiento, la regeneración y el patriotismo, salvo el de Suiza y el del Cara al Sol. Es todo tan falso como las lágrimas de Aguirre. De momento, no hay prueba alguna de que Rajoy se haya enriquecido, pero el partido que dirige con jefe supremo pagó sus deudas y sus campañas con dinero ilegal de las tramas de corrupción. Él es el culpable de que el PP nacional, y ahora también el madrileño, sea una charca en la que crecen las ranas. No es creíble que la cúpula del PP ignorase las donaciones millonarias, la financiación ilegal de las campañas, la reforma en B de la sede de Génova, los sobres, los maletines, las comisiones, el alto nivel de vida de los corruptos, las presiones de periodistas, las guerras entre clanes mafiosos, los más de 800 casos aislados… Es imposible que no lo sepan.

Rajoy debería dimitir, Aznar admitir su culpa y exigirles responsabilidades, políticas y penales. Ellos han hundido a este país en la charca. Está claro que el Estado del Bienestar sería viable si no lo hubiesen saqueado y dilapidado los ladrones. Parece paradójico que el PP y Mariano Rajoy continúen al frente del gobierno cuando está demostrado que el PP es un partido trufado por la corrupción. Una corrupción que se remonta a los tiempos de dominio del poder de Aznar, y que ahora aparece en toda su realidad: un poder hegemónico que se corrompe totalmente. Y sin embargo, a pesar de no tener mayoría absoluta gobiernan. Por eso creemos que la responsabilidad de que continúe el actual estado de cosas recae sin duda en la totalidad de la oposición. ¿Qué hace la oposición? ¿Cómo comprender su inacción? El partidismo de las diversas fuerzas no justifica su falta de capacidad para buscar alternativas de regeneración en las estructuras del Estado. Todos ellos son responsables. ¿Dónde está C’s? ¿Acaso acabar con la corrupción no es el primer paso de cualquier regeneración? ¿Qué nos tiene que decir el PSOE? Parece que sus peleas internas son más importantes que el devenir de este país del que tanto se llenan la boca. El PSOE, con su abstención, ha permitido el gobierno de Rajoy y no le vale ninguna justificación, como al resto de las fuerzas políticas. ¿Y Podemos? Tampoco está libre de culpa porque tal como lo planteó en los procesos electorales su objetivo prioritario era echar al PP. Cosa que posteriormente no tuvo la generosidad política de poner en práctica colaborando con el PSOE para conseguir un Gobierno de regeneración democrática que investigue la corrupción institucional del PP y sus responsabilidades, establecer una renovación legislativa que evite el origen y las causas que han provocado el actual estado de corrupción pública y privada, y proponer una nueva Ley electoral más plural y democrática. Cómo pueda seguir gobernando el PP en estas circunstancias es la gran anomalía de nuestra democracia.

En la gacetilla de mañana hablaremos de EL NUMERITO DE SUSANA.

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