@ellibelaresc

Aduce doña Esperanza que dimite por no haber sabido vigilar a su número dos, Ignacio González. Por responsabilidad política. La pregunta que nos queda en el aire es que ¿no supo o no quiso? Porque es de ser una irresponsable no querer ver los numerosos indicios existentes desde hace tiempo que apuntaban al enriquecimiento ilícito y proceder irregular de su protegido. Si no supo tampoco tiene perdón, una mujer que se presupone es la responsable máxima de lo que ocurre en su comunidad.

De todas formas a su sombra se cobijó una madeja de corrupción en la que los mafiosos no solo se lucraron a nivel personal sino que también tuvieron la ´dignidad´ de dejar unas migajas para la financiación de las campañas electorales del PP. ¿Ese gesto les honra? Parece ser que no, lo hecho es una práctica habitual para que gente sin escrúpulos dentro de un partido aproveche las acciones de corrupción para ascender en la organización, forjar posiciones de poder y chantajear a sus rivales dentro del partido. Y cuando sus prácticas son expuestas, intentan forjar pactos de silencio y buscan el encubrimiento político, mediático o judicial.

El caso del PP, como atestiguan los casos Bárcenas y González, se ajusta perfectamente a este patrón y muestra con toda crudeza por qué y hasta qué punto la corrupción es una lacra que corroe y destruye a los partidos. Pero además de dañar la reputación de los dirigentes de los partidos políticos, la corrupción también mina la confianza de la ciudadanía en las instituciones, máxime cuando los partidos, por miedo a asumir el coste de la corrupción, deciden proteger a los corruptos y extender un manto de silencio o impunidad sobre ellos esperando que todo pase y que el tiempo disuelva las responsabilidades.

En vistas a un futuro próximo no estaría de más que se le exija al Partido Popular que reconozca de una vez por todas la existencia de redes de corrupción y financiación ilegal dentro de su partido y acabe con los pactos de silencio que han permitido su pervivencia, pasando de denunciado a denunciante de los delitos investigados. Se lo debe a la ciudadanía y a la democracia.

Está claro, y resulta muy crudo decirlo, que la corrupción es un mal que se alienta desde los partidos políticos cuando estos tratan de salvar los muebles protegiendo a los sinvergüenzas con aforamientos, negándose a dar explicaciones como si fueran los amos de un cortijo y sobre todo, y esto es lo más incomprensible, sin pagarlo en las urnas. Y ahí entramos nosotros, que aguantamos sobremesas de informativos donde la corrupción es la reina del baile y nos tiramos de los pelos por la cantidad de ladrones que hay en este país, pero lo hacemos sin mirarnos el ombligo y yendo a votar, como nos da la gana, que para eso somos libres, pero, eso sí, vamos a votar como siempre y a los mismos de siempre. Y así no se cambia nada. Un gobierno que no está controlado por la ciudadanía (y la única forma que tenemos hasta ahora de control democrático son las urnas), siempre campará a sus anchas. Como lo hace el PP.

En la gacetilla de mañana hablaremos de LA GRAN ESTAFA.

Anuncios