@ellibelaresc

El viernes 12 de mayo, el papa Francisco ha viajado al santuario de Fátima (Portugal) para celebrar el centenario de las ´apariciones´ de la Virgen a tres pequeños pastores, a quienes reveló varios secretos (las dos guerras mundiales, el auge y caída del comunismo o el atentado contra Juan Pablo II) y canonizar  a dos de esos niños, Jacinta y Francisco, que murieron poco después de las visiones marianas. Lucía, la otra vidente, sobrevivió, se hizo monja y vivió hasta 2005 como la custodia de los secretos de la Virgen.

¿Era necesaria esta farsa y negocio (los alojamientos han inflado sus tarifas hasta alcanzar los 3.000 euros por dos noches) del milagro de Fátima que el papa Bergoglio ha reavivado? ¿Se puede canonizar a un niño? ¿Acaso no todos los niños son ´santos´, por su pureza, ingenuidad e ignorancia? ¿Realmente se apareció la Virgen a los pastores en Fátima? ¿No fue un montaje como tantísimas otras cuestiones que afectan a esta secta? ¿Fueron apariciones o visiones de unos niños? ¿Fueron manipulados los pastorcitos? Tomemos el asunto desde otra perspectiva: que esta canonización sirva para llamar a que se salven todos los niños amenazados del mundo, para acabar con la violencia, los abusos, el tráfico, el trabajo infantil y la explotación de todos los niños del mundo y  la pedofilia de la iglesia católica. Que se acabe, de una vez por todas, con la tragedia de que mueran de hambre 10.000 niños al día en el mundo… ese sí que sería el auténtico milagro de Fátima.

Yo me pregunto por qué la señora celeste siempre aparece en lugares, por lo menos, singulares (encima de los árboles, en grutas) y por qué sus mensajes, tan importantes para la humanidad, los ha comunicado oralmente a pobres criaturas analfabetas, supuestamente incapaces de repetir lo escuchado. Por qué dicha señora, vista su facilidad de desplazamiento, no ha aterrizado en el pleno de algún parlamento, en alguna iglesia durante la misa, en una reunión de ateos. En qué lengua ha hablado con los niños y quién ha redactado los mensajes y bajo qué controles.

El  teólogo portugués Mario de Oliveira asegura que lo ocurrido en 1917 es uno de los mayores timos de la Iglesia Católica. En su libro Fátima nunca más, denuncia el aparente fraude de las apariciones, acusando al clero luso de haber perpetrado un montaje y manipulado a los pastorcitos. También sugiere que los negocios en torno a la Basílica son utilizados para lavar dinero negro. ¿Por qué la iglesia portuguesa perpetró semejante fraude? Dice Oliveira  que la Iglesia lusa estaba en muy mal estado en 1917: desde su instauración en 1910 la República había trabajado para reducir el poder del clero portugués y secularizar el país. Una de las primeras leyes que se promulgan tras  fue la nacionalización de enormes parcelas de tierras episcopales y la supresión de muchísimos de los privilegios ancestrales del clero, cuya influencia política y económica había sido enorme hasta ese momento. La diócesis de Leiria, en particular, había perdido muchos fieles y se veía cada vez más empobrecida. Los ´milagros´ de Fátima fueron un instrumento perfecto para conseguir los fondos que se buscaban para restaurar las propiedades eclesiásticas y lograr que el pueblo volviera al culto. A nivel nacional, las supuestas apariciones dieron a la Iglesia la relevancia que necesitaba en su cruzada en contra de la República.

El cerebro de la trama fue el canónigo Nunes Formigão (1883-1958), profesor del seminario de Santarém, quien casualmente había pasado casi dos meses en Lourdes, estudiando las apariciones que supuestamente tuvieron lugar ahí en 1858. Fue él quien se encargó de escribir el guion y ejecutar la producción de esta farsa; fue él quien, como supuesto interrogador y confesor de los tres pastorcitos, actuó como único interlocutor y controló el mensaje que salía de Cova de Iria. Fue él quien moldeó las visiones de los pastorcitos, niños que fueron manipulados. Sentían terror absoluto del infierno y respeto total hacia el clero. Creían todo lo que les decían y obedecían toda orden.

El clero es responsable de las muertes de Francisco en 1919 y Jacinta en 1920. Los curas animaron a los niños para que practicasen mortificaciones y penitencias absolutamente locas. Sus prolongados ayunos –que incluían la abstención de beber agua en pleno verano– hicieron que se encontrasen físicamente debilitados, incapaces de resistir las epidemias de la época. Murieron de neumonía y pleuresía, respectivamente, sin que la ´milagrosa´ Señora de Fátima les ayudara. Es un crimen de lesa humanidad que ha quedado impune.

Los políticos de la República (1910-26) se hartaron de denunciarlo como el embuste que era. Una vez ejecutado el golpe de Estado en 1926, y especialmente después de la implantación de la dictadura de Antonio de Oliveira Salazar, cambió todo. Fátima era un milagro a medida de Salazar, un dictador que se presentaba como el santo salvador de la patria al casar su régimen con la Iglesia. Desafortunadamente, después de la Revolución de los Claveles todo sigue igual, y en muchos sentidos la complicidad entre el Gobierno y quienes controlan Fátima es incluso mayor. Es un negocio que le viene muy bien al Estado pues genera un turismo religioso que da muchos millones de euros.

En la gacetilla de mañana hablaremos de DE NUEVO EL MANÁ PARA LA IGLESIA CATÓLICA.

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