@ellibelaresc

Lamentablemente es mucho el tiempo que dedicamos a comentar la corrupción, fundamentalmente la del PP. De tanto hablar de ella a veces da la impresión  que le restamos importancia por sernos muy familiar. Tanto se habla de ella que su verdad ya no sorprende. Y no es así, porque hay que tomársela muy en serio. A pesar de ser el pan nuestro de cada día. La corrupción tiene múltiples caras y diversas consecuencias socioculturales. Provoca indignación, rechazo y crítica al sistema de partidos dominante, pero invita a la resignación, a aceptar lo existente. El ´todos los políticos son iguales´, asociar vida pública y corrupción, tiene un caldo de cultivo inmenso en un país que ha vivido durante décadas en una dictadura fundada en el rechazo a los partidos y a la participación democrática. Este es el peligro más grande que tiene la corrupción, que el rechazo lleve a la anti-política y, de ahí, a la resignación. Mariano Rajoy es un maestro de muchas cosas, casi todas negativas. Su estrategia se basa en la resistencia y en el paso del tiempo. En su centro, naturalizar la corrupción, normalizarla como algo inevitable en la vida pública y el coste imprescindible de los sistemas democraticoliberales. Todo son excepciones que nunca confirman una regla: cerca de 900 imputados, 4 organizaciones completas directa o indirectamente implicadas, a lo que hay que añadir el aparato central de finanzas del PP.

Si la corrupción se normaliza y se convierte en algo connatural en nuestra vida pública, la esperanza de un cambio político real desaparecerá y dejaremos la crítica de la política a la derecha extrema o a los populismos de extrema derecha. Nunca se insistirá lo suficiente en el carácter democrático sustancial y radical que tuvo el 15M y que, en gran medida, heredó Podemos, hoy Unidos Podemos. El movimiento 15M situó la crítica a las clases dirigentes, a las políticas austericidas y a las instituciones europeas en el terreno de la democracia, en el territorio de una esfera pública rica de contenidos y que tenía en su centro una ciudadanía activa que ejercía su derecho al autogobierno y a la definición colectiva de un futuro basado en la igualdad y en libertad, cuyas ausencias motivan que algún partido promueva una moción de censura a las políticas del gobierno de Rajoy.

El motivo central de la moción de censura que ha presentado Unidos Podemos tiene que ver con esto: que la indignación no se convierta en resignación, que el rechazo no se convierta en pasividad con el objetivo claro de que las gentes no abandonen la política, lo público, y se resguarden en el sálvese quien pueda privado. No todos rechazamos la corrupción de la misma manera. Unidos Podemos lo hace para regenerar la democracia, defender las libertades públicas y los derechos sociales de la mayoría. Precisamente por esto, la moción quiere decir, el primer lugar, que no todos somos iguales, que la política no debe asociarse sin más a la corrupción y que la única salida posible ante tanta putrefacción no es otra que la acción colectiva, que unirse y organizarse en un proyecto alternativo de país. Todo es posible si la gente cree, se organiza y lucha contra un gobierno que desgobierna y cuya política más rampante es la institucionalización del miedo. Los que mandan, la trama, trabajan con el miedo, lo cuidan, lo miman y lo hacen parte central de su estrategia. En los pocos momentos en los que tenemos recogimiento y capacidad de pensar, este miedo aparece como resignación, como aquello de ´más vale malo conocido´.

Superar el miedo, el miedo al miedo como política no es una tarea fácil en los tiempos que corren. Podríamos decir que la esperanza como política se convierte en una necesidad de masas. Para salir del miedo y construir la esperanza necesitamos creer, organizarnos colectivamente, participar en lo público y luchar. Esta moción de censura de Unidos Podemos lo es al gobierno del PP y a las fuerzas de la trama, pero es también una censura, una llamada de atención a aquellos que aceptan el desorden existente, la corrupción como modo de vida y la degradación de nuestras débiles democracias. Censuramos al poder y a los que, por activa y por pasiva, lo legitiman. Apostamos por una esperanza concreta, posible, realizable para los hombres y mujeres que quieren vivir en un país justo, democrático e igualitario.

En la gacetilla de mañana hablaremos de TAMBIÉN NOS QUITAN LA LITERATURA.

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